LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


El planeta de los simios

17/07/2020

El cansancio intelectual sobre la gestión de la pandemia y sus nefastas consecuencias económicas derivan en un escepticismo y se sabe que solo el paso del tiempo puede curar las heridas sufridas.

Con la madurez, descubrimos que la vida no es perfecta en ningún aspecto y que debemos aceptar con resignación lo que nos depara; esta actitud comprensiva no es aceptada y se considera pasiva. Algo de eso pasa con los santos, que impresionan no por las grandes cosas que han ejecutado, sino por su preocupación por los pequeños detalles que los demás ni apreciamos.

Todo el ruido por las estatuas, el racismo estructural o la esclavitud, refleja un infantilismo social. Ya quisieran los jóvenes que derriban símbolos conocer la historia y con ello justificar una acción tan impropia. Reescribir el pasado con estos métodos ha sido solo una obsesión de los soviéticos, nazis y de cualquier nacionalista de medio pelo. Cuando se estudia con honestidad cualquier personaje destacado, y no digamos naciones enteras, hay que verlos desde los ojos de su época y con las sombras que le acompañan. No significa que no hicieran grandes gestas dignas de elogio, simplemente que no eran perfectos la mayoría de ellos. Winston Churchill fue un político clave del siglo XX, pero con debilidades propias de su tiempo y carácter personal; sin embargo, sería necio despreciar su maravilloso legado político.

Estos días hemos visto actos violentos de jóvenes negros, que han expresado su rabia y frustración por la actuación de la policía. Algunas imágenes dejan poco margen a la interpretación porque hay agentes que obviamente nunca debieron serlo. Pero es falso que alguien de la comunidad afroamericana pueda argumentar que el drama humano de hace 150 años sea la causa de sus problemas en la actualidad o que justifique la delincuencia que azota a los barrios donde viven. Hay muchas causas que explican las dificultades estructurales, idénticas a los de la comunidad étnicamente blanca de los Apalaches y nadie piensa que el racismo sea el causante.

El sacrificio y el esfuerzo personal son los únicos instrumentos válidos para luchar contra la pobreza, no la violencia o la delincuencia. Cuando rechazamos nuestra responsabilidad individual significa que no queremos ser adultos. La policía dejará de patrullar por los barrios conflictivos para evitar riesgos y eso es un fracaso colectivo. Las minorías y los pobres deben aceptar que el futuro depende de sus actos porque los errores se pagan.



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