LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Cambio de color

Cantaban Carlos Puebla y sus tradicionales aquello de que y en eso llegó Fidel.../ y se acabó la diversión/llegó el comandante y mandó a parar.... Aquí también ha llegado ahora la autoridad de la ultraderecha, Santiago Abascal, con 24 escaños en su futuro grupo parlamentario, y ha advertido que se han terminado las contemplaciones que, una cosa es que le quieran copiar y le dejen salir en la foto del trío de Colón y otra muy diferente que, después de ayudar a cambiar el Gobierno en Andalucía, ahora no le conozcan ni le saluden. Y ya ha hecho la primera llamada de atención.
La campaña electoral estuvo tan polarizada en Cataluña y los independentistas que, no sólo no se abordaron cuestiones de gran trascendencia para el futuro de España, que pasaron a un segundo plano, sino que fue una carrera a ver quién era más de derechas y exhibía la rojigualda de mayor tamaño, incluso fichando a toreros en las candidaturas y siendo más cazadores que el que tuviera más trofeos, de asistir a monterías de toda la vida, faltaría más. 
Desde luego, quien haya buscado el centro derecha a la hora de depositar su voto en las pasadas generales, también con tendencia a que se produjera sosiego y moderación política, tuvo que realizar un verdadero acto de fe, no digamos después de ver a un actor acudiendo a los debates, enfundado en el cuerpo de Rivera, que animaba a la histeria colectiva. Se equivocaron de estrategia pero, siempre hay que recurrir a Groucho Marx, han tardado poco en aplicar lo de «estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros...». Ahora todos son de centro. Desde luego hemos asistido al voto del miedo, el de la gente que temía por el crecimiento de la ultraderecha, que ha movilizado a mucho electorado, y el de quienes han copiado el mensaje de la España rota y el indulto a quienes participaron en el golpe del referéndum.
A ver qué escenario aparece en las autonómicas y municipales después de que los socialistas pisen más seguros con sus resultados y hayan obtenido un respaldo que no conocían en años, en algunas zonas geográficas incluso por encima de los mejores de la época del presidente Felipe González, lo que puede hacer cambiar el color del mapa en autonomías y consistorios. Luego estará el pacto a tres bandas, para desbancarlos, pero, visto lo visto, a ver quién se atreve a acercarse de nuevo al extremo de Abascal y después a dejarle compuesto y sin novia... Con Casado noqueado y un futuro incierto, aunque no se le discutirá hasta después de los comicios del 26 de mayo, no es de extrañar que el partido naranja ayude a formar gobiernos con el PSOE. Al final, el poder es el poder y, alguna militancia llega, por desgracia, cuando se va asegurando el sustento, aunque cabe la posibilidad de que le toque poner dinero o, como en el caso de los populares, ver cómo se pone en peligro la propiedad de la sede nacional, aunque de momento se mantiene. Este país necesita estabilidad y dirigentes de altura, como el comer. 



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