TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El Clásico

Es fácil creer a pies juntillas a quienes defienden que un aplazamiento del Clásico es proteger al inocente y demostrar que hay muchísimas cosas más importantes que el fútbol, por mucho Barça-Madrid que sea. Y es fácil creer de igual forma a quienes defienden que un aplazamiento del Clásico es una torpeza estratégica que legitima y da poder a los violentos, pues habrían conseguido sus objetivos. Es imposible fallar sin mojarse o eligiendo cara y cruz al mismo tiempo, porque la moneda nunca cae de canto y si lo hace (que habría sucedido en los viejos Sardinero, Atocha o Molinón, donde el barro era el jugador número 12 de los locales), se repite el lanzamiento. No, el partido no puede aplazarse y jugarse con normalidad al mismo tiempo.

Otra negación irrefutable: no se puede separar, jamás se ha podido, deporte y política. Presidentes afines a partidos o grupos de poder, clubes cercanos a equis movimientos, grupos radicales claramente ubicados (simbología, cánticos, etcétera) en un espectro ideológico, jugadores-ídolos significados en sus declaraciones por un bando u otro, afinidades y odios… Decir que «el fútbol no se puede mezclar con la política» está entre la inocencia y la idiocia. Y en estas circunstancias, y en las que vengan pasado mañana, en noviembre, diciembre o cuando se juegue el partido de marras, ¿quién no aprovecharía la trascendencia internacional del encuentro para vender su mensaje a cualquier precio? Cuantos más ojos hay mirando, más arriba se viene el tonto, más creativo se convierte el propagandista, más fuerte grita el vocero… y más indignado se cree el contrario.

Lamentablemente (¿Cuánta culpa tienen los malos políticos?), esto ya no tiene vuelta atrás. Jugarlo cuanto antes, cuanto más tarde... ¿Qué más dará, si quienes no han hecho su labor ya han fracasado y quienes quieran boicotear pueden esperar lo que haga falta?