CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El descubrimiento

24/03/2020

Millones de españoles con el corazón situado no se sabe bien dónde, pero desde luego no donde debe estar, han descubierto ahora a los militares.

A la guardia civil ya la habían descubierto antes, cuando eran los primeros en llegar allá donde había catástrofes para rescatar a quienes se encontraban bajo los escombros o agarrados a un árbol para escapar de aguas turbulentas. La creación de la UME, Unidad Militar de Emergencia, fue clave para que cambiaran de idea los empecinados en considerar a militares y Fuerzas de Seguridad del Estado como personajes anclados en el patrioterismo –que no el patriotismo- , envalentonados por el uniforme, ultras en lo político y perfectamente desdeñables. Estos días se han producido dos hechos que merecen una reflexión: uno, la fotografía de unos miembros de la Ertzaintza rindiendo homenaje a un guardia civil muerto por coronavirus. Fuerzas de Seguridad del Estado somos todos, compañeros somos todos, decían con su aplauso. Segunda imagen, los miembros de la UME que en apenas dos días han levantado un hospital de campaña en Ifema, en Madrid, para 300 afectados por corona virus; las 300 camas serán 5 mil antes de que acabe la semana. Los militares han trabajado a destajo, sin mirar las horas, como ocurre con el personal sanitario al que homenajeamos todas las tardes a las ocho en punto.

Los españoles somos diferentes, pero no solo en lo bueno, como decía el famoso slogan de los años sesenta. En determinados sectores, casi en su totalidad escorados a la izquierda recalcitrante que no se detiene a observar lo que tiene delante, se considera a los militares una clase a la que hay que mirar con desconfianza. Son los mismos que consideran un trapo la bandera o ponen letra burlesca al himno nacional. No hay un solo país al que cueste tanto sentir respeto por sus principales símbolos.

En estas horas tan duras, crueles, son infinidad los españoles los que están dando ejemplo de generosidad. Entre ellos, hay que decirlo muy alto para que lleguen a los despachos donde se refugian los irredentos ( a los que entusiasma ocupar despachos de poder) se encuentra la familia militar que, como siempre, acude cuando se la necesita, sin preguntar si van a poner en riesgo su vida y la de los suyos. Formen parte de la UME o se encuentren destinados en cualquier cuartel de la geografía, igual les da atender heridos en Sarajevo, ofrecer ayuda humanitaria en Mali o Líbano, o acudir al rescate de habitantes de pueblos sepultados por una ola incontrolable de agua y cieno. En solitario o con la ayuda de sus primos hermanos, la guardia civil.

La izquierda ultra los descubre ahora, cuando se ven obligados a echar mano de ellos. Solo ahora. Millones de españoles ya saben desde hace tiempo que sin ellos, a la hora de las desgracias la vida sería mucho peor.


 


 



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