TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El escupitajo

25/09/2020

Una cámara superlenta nos iba mostrando poco a poco la preparación del 'pollo' en la boca de Guti, colocándose el proyectil en la punta de la lengua, y apretando labios y mofletes para que, ¡zasca!, el escupitajo saliera en perfecta parábola hacia el césped. Sé que no es la imagen más agradable, y pido perdón de antemano, pero es que a Di María acaban de caerle cuatro partidos por un escupitajo (a un rival, eso sí) y recuerdo mil imágenes de jugadores asociadas a lapos, como aquélla en la que Naybet (Deportivo) marcaba a Tomason (Milan) y ambos giraron la cabeza al mismo tiempo y en la misma dirección y escupieron a la vez, en perfecta armonía, y se miraron y terminaron riéndose a pesar de la gravedad del partido (cuartos de final de la Copa de Europa, vuelta, la noche del legendario 4-0 en Riazor).

El futbolista escupe más cuanto mayor es el cansancio: debido a la estimulación cardíaca que produce la actividad física, la composición de la saliva varía y se produce una sustancia mucho más viscosa y pegajosa, algo que unos no muestran porque escupir sobre parqué flotante o sobre la hierba de Wimbledon es poco decoroso… y que los futbolistas, por un tic nervioso o de mala educación, han decidido expulsar, algunos con repugnante maestría.

El salivazo de Di María tiene además el agravante de que vivimos en tiempos de pandemia, donde el control de fluidos debe ser metódico y estricto. Como decía la tuitera, «el otro día ligué y antes de meternos en la cama tuve que someterme a un test rápido». No descartemos que la Sanidad francesa actúe de oficio y además de la sanción deportiva le caiga otra por crímenes de lesa humanidad…

Pero sobre todas las cosas, manías y explicaciones científicas, el que escupe a otra persona es un impresentable y un asqueroso. Y si además sabes que hay 1.000 cámaras a tu alrededor, tonto.



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