SIN RED

Loli Escribano

Periodista


"Puta basura"

No las he contado, pero posiblemente pasan de diez las veces que he oído o visto la intervención de Pablo Fernández, procurador de Podemos en las Cortes de Castilla y León, en diversos medios de comunicación de ámbito nacional. Y todo porque utilizó la expresión, «puta basura», para definir una Proposición No de Ley de Vox que pedía la derogación del Decreto de la Memoria Histórica castellano leonés. Es desolador y lamentable que los medios se queden con la anécdota de una palabra mal sonante pegadita a otra un tanto peyorativa. Si Fernández no hubiera pronunciado la palabra «puta», si hubiera elegido cualquier otro epíteto, sus declaraciones no hubieran traspasado las fronteras autonómicas. Se hubieran quedado en el ámbito castellano leonés como tantas de sus intervenciones o las de sus compañeros. Esta realidad sirve para hacer una doble reflexión. En primer lugar me hace pensar en lo superficiales que somos tanto los periodistas como la sociedad. Nos quedamos con el término malsonante como cuando éramos pequeños y nos encantaba decir caca o pedo o pene por pura rebeldía lingüística, sin pensar en el significado de dichas palabras. Porque nos repetían hasta la saciedad, eso no se dice. Los redactores y directores de programas y periódicos subyacen al titular facilón, sin demasiado interés en profundizar en la denuncia que se esconde tras sus letras. En la mayoría de esas decenas de veces en las que he visto el vídeo repetido o al propio Pablo Fernández ser entrevistado, apenas se ahonda en el problema real que se esconde detrás de dos palabras poco habituales en los discursos políticos. 
La segunda reflexión me hace pensar en lo importante que es la palabra. El que tiene dominio del lenguaje, de la sintaxis, aquel que es capaz de utilizar la terminología apropiada en el momento preciso se convierte en el dueño de la situación. Las palabras correctas pronunciadas en el momento adecuado pueden lograr grandes triunfos. Cuántas veces, horas o días después, hemos pensado, vaya, tendría que haber dicho esto en vez de lo que dije. Hay personas que nunca encuentran la palabra idónea cuando la necesitan. La palabra es mágica. Las palabras son llaves que abren o cierran para siempre espacios, momentos, situaciones y sitios variopintos. Habitualmente quien tiene ese desparpajo oral, también suele ser un gran comunicador. Y, como siempre, para que exista ese dominador verbal tiene que existir el contrario, el que no sabe cómo hilar una palabra detrás de otra. El mismo Fernández utiliza con frecuencia una comparación apoyándose en una persona que pertenece a este último grupo, «está usted más perdido que el señor Mañueco en un congreso de oratoria». 



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