LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Amado debate

Con el descanso vacacional quedó la estela del debate electoral en televisión, con la presencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el encuentro que se celebrará en la cadena pública, y con la insistencia del dirigente de los populares, Pablo Casado, de mantener un cara a cara, cuando el dirigente socialista «quiera y dónde quiera». 
En realidad, el debate nace mucho antes de cuando se produce, porque ocurra lo que ocurra, siempre puede ser aprovechado por algún contrincante para sacarle punta y, después, el morbo de quién lo ha ganado, pero ¿qué porcentaje de indecisos se han decantado por una opción  concreta después de su celebración? Esto no significa que el intercambio de ideas no suponga un ejercicio democrático, siempre que las intervenciones resulten entendibles y no acabe todo como el rosario de la aurora.
Casado, por ejemplo, ha sabido aprovechar la circunstancia para echar en cara a Sánchez de tener miedo al encuentro porque le va a preguntar «por los indultos, el paro, los pactos con Bildu, los proetarras...». Es la campaña, como lo ha hecho la ultraderecha, por un lado se hace la víctima de quedar apartada de un debate, por otro, se alegra porque no quieren aparecer en público. El partido de Abascal tiene una estrategia muy clara: no quieren hacer declaraciones en los medios, rechazan entrevistas, y eligen a qué periodistas dirigirse.
La televisión, pública y privada, está considera como servicio público y la Ley Electoral, de cuyo cumplimiento se encargan en las campañas las juntas electorales correspondientes, marca perfectamente quién puede participar. No son los medios de comunicación quienes dejan fuera a algunos partidos, como a veces se quiere dar a entender con intereses espurios.  Es más, las escaletas de los informativos están elaboradas al margen del interés informativo. Conviene que se sepan estas cosas, porque no deja de beneficiar a los partidos mayoritarios, pero la culpa no es del mensajero,  como sigue siendo costumbre. Hay mucha estrategia del cinismo y la mentira, el problema es que es difícil que llegue el mensaje real a algunos ciudadanos cuando lo sencillo es manipular.
Hay una perfecta organización que ha unido a Cs con el PP y la ultraderecha, desde Andalucía, incluso los candidatos de Albert Rivera hablan abiertamente de pactar con los de Casado, de la tercera pata ni pío, por eso de que parece que hay quien quiere ocultarla, para que no se caiga en errores mayúsculos y se quiebre la confianza de sus seguidores, como si todo estuviera medido al milímetro por quien manda en la economía. El PP cerraba el círculo desde el centro a lo más ultra, pero le descompuso la corrupción y, entonces, hay que reformular la propuesta, para que todo siga igual, como en el gatopardo lampedusiano.



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