SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Como la mili, pero peor

19/03/2020

Sigo afanado en la idea de encontrar la parte positiva de la desgracia que nos ha caído encima con el virus este que nos amarga y, la verdad, poco a poco voy atesorando algunas ideas que me ayudarán a sobrevivir a los ataques de melancolía de los que hablaba el pasado viernes en estas mismas líneas, y eso que aún desconocíamos el decreto del Gobierno imponiendo el Estado de Alarma y en consecuencia el confinamiento domiciliario, más allá de la fortuna que, pásmense, supone para algunos, tener que ir a trabajar cada mañana. Los satélites registran un descenso bárbaro de la contaminación del aire, consecuencia evidente del parón en el tráfico y en la industria. Se diría que tienen razón los teóricos o quizá místicos, que consideran que Gea, la Tierra, es un ser vivo y consciente y se está empezando a hartar de ese sarpullido que le ha salido en la piel, uy que llamamos ser humano. Se lo ‘rasca’  con el coronavirus, y limpia un poco la biosfera y hasta la estratosfera. Otra reflexión que me viene a la cabeza es la relativa al cambio radical en las relaciones humanas. Ni siquiera en una sociedad tan pequeña como la soriana, la soledad y la falta de roce con el prójimo, o mejor, con muchos prójimos a la vez, es una opción. Somos muy gregarios, como todas las estirpes ibéricas, mal que les pese a esos que quieren diferenciarse en alguno de sus predios. Por eso, porque no solemos parar en casa, nos va a venir de perillas, una terapia familiar. Hablar más con los nuestros, si somos capaces de prescindir un rato del ordenador, de la televisión y el móvil. Va a ser toda una experiencia. Si la superamos seremos personas nuevas.
La otra faceta que hoy quería destacar es la del comportamiento global que percibo en mis paisanos. Soria, con algunas excepciones, siempre responde bien a las llamadas a la solidaridad y hacer lo que se recomienda para evitar contagios es sobre todo eso, solidaridad. Si, al final de todo esto, se hace balance de Sanciones y denuncias por el incumplimiento del decreto, verán que no habrá gran cosa. Otra cuestión es que estemos perdiendo la oportunidad de corregir comportamientos, siempre deplorables, pero ahora casi delictivos, como toquetear todas las piezas de fruta o verdura del súper, y sin guantes, hasta encontrar las mejores piezas para su cesta, y nadie les dice nada.
Esto va a ser como la mili. Cuando todo concluya le vamos a notar otro sabor a la vida. Será como el día que nos entregaron ‘la blanca’, la cartilla militar, y nos abrían las puertas del cuartel. Los que habíamos convivido 14 meses en el ejército, teníamos la impresión de que, después de todo había merecido la pena.



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