SIN RED

Loli Escribano

Periodista


Mesas navideñas

Pasó la lotería, pasó la Nochebuena con su correspondiente Navidad y llegamos al ecuador de estas fiestas invernales. Aún nos queda por delante Nochevieja, Año Nuevo y Reyes. Fechas que cada cual vive como quiere o puede. Los hay que las odian y los hay que las adoran. Nos sentamos en nuestras mesas adornadas con acebos, piñas pintadas de colores y velas y nos hinchamos a comer, reír, llorar, cantar, tocar la pandereta y a miramos los unos a los otros. También recordamos a los que ya no podemos mirar con la esperanza remota o ingenua de que quizá nos cuiden desde algún sitio, aunque seamos los más ateos del reino. Estos días navideños sirven, como en la canción de Mecano, para «aceptar que ya pasó uno más». Para hacer balance de lo que hicimos o de lo que hubiéramos querido hacer y no pudimos o no supimos. No pasa nada. Todo es perfecto. Pasa la vida y vamos acumulando navidades. A algunos la melancolía les invade recordando tiempos remotos de espumillones brillantes rodeando los marcos de los cuadros, el agua para los camellos de los Reyes y algo de turrón para sus Majestades. Noches de duermevela para intentar escucharlos o incluso, verlos. Aquellos tiempos son otros tiempos. Estos que nos tocan ahora son más glamurosos, pragmáticos, rápidos y virtuales. Como el resto de los días, vivimos la Navidad a través de la pantalla del móvil. Una pantalla en la que aparecen las felicitaciones de los que están lejos y de los que están al lado. De los que ves a diario y de los que no ves nunca. De los más cercanos y de los que no tienes ni idea de quiénes son. De los que no te saludan jamás y de los que no se callan ni debajo del agua. Y la vida que es tan generosa te regala cada año a nuevos amigos que también aparecen en la pantalla de tu móvil para recordar que están, aunque a veces parecen virtuales porque no los puedes ver en el mundo real con mucha asiduidad: Pablo, Luis, Pili, Javier, Óscar.
Otros han desaparecido no solo del móvil, se han ido para siempre como en el villancico que cantábamos en mi infancia, “y nosotros nos iremos y no volveremos más”: Dionisio, Eugenia, Felisa, Simón, Antonio. Algunos se fueron antes y nos dejaron el sabor agridulce que para muchos tiene la Navidad: mi padre, Sandra, Sergio, Javier. Y entre las vibraciones del móvil, las llamadas, los vídeos, los memes, los emojis y emoticones hasta nos da por pensar qué pasaría si marcáramos sus teléfonos, porque nadie los borramos como si al mantenerlos siguieran con nosotros. Y mientras dudamos entre marcar o no, llega un último meme y nos arranca una sonrisa y luego una risa y hasta una carcajada y casi somos capaces de hacer como que no echamos de menos a nadie en nuestra mesa. 



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