CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Desahogo

Tristeza y preocupación infinita. Es lo que queda tras seguir sobre el terreno la sesión constitutiva del Congreso de los Diputados. Probablemente ese sentimiento es compartido por infinidad de españoles con un mínimo de conocimiento de la historia reciente, españoles a los que importe su país y su gente, españoles que han vivido con orgullo episodios en los que se ha dado ejemplo al resto del mundo de cómo hacer la transición de una dictadura a una democracia, como conseguir integrar a políticos de uno y otro bando, cómo apaciguar las tensiones de una sociedad quebrada por una guerra civil.

Esta periodista solo puede sentir tristeza y preocupación máxima por cómo se ha desarrollado la sesión con la que se iniciaba la XIII Legislatura. Trece. Legislatura que parece predestinada.

No ha sido tan importante el alegato independentista y republicano con el que acataron la Constitución los diputados que cumplen prisión preventiva. No lo era porque se esperaba, como se esperaba que también los miembros de Podemos hicieran su particular número; la vez anterior cada diputado llevaba escrita una hojita con diferentes fórmulas con las que llamar la atención. Puro teatro, puro espectáculo, como fue también que Carolina Bescansa llevara a su bebé al hemiciclo. Lo que ha ocurrido en esta ocasión es que todo lo relacionado con la inauguración de la legislatura ha sido una falta de respeto a los españoles desde el inicio hasta que la presidenta Batet finalizó su discurso. Los de Vox madrugaron para ocupar, como si fueran niños, los escaños del PSOE; el socialista Pepe Zaragoza aprovechó un descuido de Espinosa de los Monteros para ocupar su asiento y permanecer todo el tiempo al lado de Abascal sin levantarse ni un minuto; la mitad de los diputados aparecieron con camisetas reivindicativas, se hacían selfies, se fotografiaban a las puertas del hemiciclo y no perdían la ocasión para la algarada y las risotadas. Se aprovecharon las votaciones para amontonarse ante la tribuna y charlar, saludarse, intercambiar besos, más selfies, más risas…. El respeto a la Cámara, la institución más importante elegida por los ciudadanos, brilló por su ausencia. Una sesión que fue mezcla de guardería y circo, hasta el punto de que da vergüenza pensar que ese espectáculo se ha podido seguir dentro y fuera de nuestras fronteras. Vaya imagen la del Parlamento y los representantes del pueblo español.

Hace 40 años, la legislatura constituyente tuvo a Pasionaria y Alberti en la Mesa de Edad. Dos personas que se habían jugado la vida defendiendo sus ideas comunistas. Subieron a la tribuna cogidos del brazo, vestidos elegantemente para tan importante ocasión, con respeto máximo para una Cámara elegida por españoles de distinto signo y condición, con diputados de distinto signo y condición también.

El paso del tiempo ha deteriorado el concepto de que política es servir a un país por encima de ideologías y servir por tanto, guardando las formas, a sus instituciones.

Qué pena.