VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


Lo que no ocurrió en Navidad

El tiempo de confraternización que vivimos en la fechas navideñas se nos ha llevado algunos titulares como si el viento los hubiera barrido. Son hechos que, cuando nos hable alguien de ellos dentro de unos meses, años tal vez, nos sorprenderán como si jamás hubieran ocurrido. El tupido velo que los cubre, más bien un muro de cemento armado, los tapa a los ojos de la opinión pública española que asimila ruedas de molino cono si de minúsculas cápsulas se tratara, sin enterarse siquiera de lo que le están ocultando. Así parecerá que esos hechos nunca han tenido lugar, jamás se han producido, y el remanso de paz y pensamiento único sigue su curso por los siglos de los siglos.

La semana de Navidad no ha alumbrado, por ejemplo, ningún informe de la Agencia Tributaria que exculpe al expresidente catalán Jordi Pujol y le perdone el pago de 885.651 euros. Semejante notición, que haría indignar a cualquiera de los trabajadores que se dejan el lomo cada día para pagar las docenas de impuestos que el Estado exige mes a mes, no ha coincidido además con la negociación de la investidura, un compadreo político en el que se trata de agasajar a los hijos políticos de Pujol, empeñados en acabar con España y su integridad, para que voten a favor del candidato propuesto por el Rey. Seguramente de esto nadie se ha enterado entre cigala y cigala porque la cantidad defraudada ni por asomo alcanza la gravedad del cohecho impropio que supone aceptar doce trajes como regalo, ni tampoco el escarnio de donar mil euros a tu partido a cambio de dos billetes de quinientos de dudoso origen. Cómo vamos a compararlo. Ni siquiera se puede comparar ésta noticia inexistente con la responsabilidad a título lucrativo por el fraude de 245.000 euros en los gastos electorales de dos pueblos, cosa que es tan grave como para tumbar un gobierno.

Tampoco esta Navidad hemos asistido a las tradicionales ridiculizaciones de los católicos que tanto gustan por estas tierras. No han existido. Desde el gobierno, la ministra de Transición Ecológica ha felicitado el día de Nochebuena el solsticio de invierno, que fue tres días antes. No vayamos a confundirnos. Es la constante ostentación pública de la izquierda para que se note de su condición de ateos. Algo que hace más grandes a las personas a las que desprecian, que no necesitan magnificar su fe para quedar por encima de nadie. Una ministra de talla tan pequeña como su propio cerebro.



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