COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Rebajarse y ofender

La presidenta del Congreso, Meritxell Batet tendrá que emplearse a fondo a lo largo de la próxima legislatura porque el hemiciclo se ha llenado de más hooligans que nunca. De sus primeras intervenciones institucionales es preciso destacar dos apuntes sobre lo que espera de los diputados y de lo que representan. “Todos nosotros somos del pueblo, pero ninguno de nosotros somos el pueblo"  y que los gritos y faltas de respeto "rebajan a los representantes de los ciudadanos y ofenden a los representados", dijo, después de asistir al espectáculo de la jura o promesa de la Constitución de todos y cada uno de los nuevos diputados, incluidos los cuatro presos por el procés que lo hicieron en medio del barullo de gritos, aplausos.y silencios avergonzados.

La jurisprudencia del Tribunal Constitucional da por válido cualquier acatamiento de la Constitución, siempre que este sea firme, aunque vaya acompañado de cualquier tipo de coletilla desde que los representantes de Batasuna lo hicieron por ‘imperativo legal’. A partir de ese momento la fórmula se ha ido enriqueciendo de florituras hasta llegar al paroxismo de hoy. Llegará el día en que haya más diputados que acaten con coletillas que los que se remitan al texto previsto, sin que nadie pueda hacer nada porque les ampara la libertad de expresión.

Así, mientras mucho lo hacían por imperativo legal –una obviedad- otros lo hacían por España, otros por la república catalana, otros más por la república en general, y otros más por los derechos sociales y la democracia. En pocas ocasiones se da una constatación tan evidente de que la Constitución de 1978 tiene las alas tan amplías que acoge a todos, incluso a quienes la quieren finiquitar. El problema viene a continuación cuando la devaluación de un acto ten relevante va acompañada de gritos, pateos o insultos como los que profieren quienes quieren hacerse notar.

Lleva razón Meritxell Batet, se desprestigian unos y desprestigian a todos. Se rebajan y ofenden. Pero el espectáculo continuará, porque tan fuera de norma están quienes acatan por España y por el Rey, como quienes lo hacen por la república catalana. Lo de ayer ha sido un anticipo de lo que está por venir y que obligará a la Mesa del Congreso a emplearse a fondo para mantener el orden y dar ejemplo de educación básica y de convivencia democrática. Tampoco estaría mal buscar soluciones para evitar el bochorno y que quedara reflejado de forma fehaciente el acatamiento de la Constitución.

Que el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera haya querido erigirse en el defensor de las esencias está muy bien de cara a la galería y demuestra también cual será su actitud a lo largo de la legislatura en la que pretenderá achicar el terreno de juego al PP mediante la presión a Sánchez. “Tenemos que hablar”, le ha dicho Oriol Junqueras al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en una de las ocasiones que ha pasado por su lado. “De acuerdo”, habrá pensado el líder socialista, porque es lo que ha preconizado desde el primer momento para resolver el expediente catalán. “Pero dentro de la Constitución, Oriol”. Si algo ha demostrado ERC es que se trata de un lobo independentista con piel de cordero dialogante. La legislatura comienza agitada. Pero los ciudadanos quieren soluciones y no postureo.