APUNTES

Pedro Calvo Hernando

Escritor y periodista


Días de zozobra y penitencia

Seguramente lo más espectacular que podría ocurrir el domingo sería la victoria de la izquierda en la comunidad de Madrid después de 24 años, tiempo que está por encima de la mayoría de edad de los jóvenes españoles. Estábamos todavía en el siglo XX, aunque parezca una exageración. El hecho sería espectacular, aunque si no sucede pero la izquierda gana globalmente en la triple elección del 26 de mayo, la izquierda se daría por satisfecha. Las encuestas se inclinan por esa victoria global en el conjunto del país, pero solo se inclinan, sin nada de seguridades, pese a que la victoria se huele en el ambiente. Pero quien se la juega de verdad es el Partido Popular y por supuesto su presidente Pablo Casado, que ya no ha sido capaz de disimular su pánico. 
Un pánico que daría color humano a la gran tragedia de la tan temida derrota, visiblemente deseada por Albert Rivera y todos sus compañeros de dirección de Cs. Esa tragedia supera absolutamente a cualquier resultado de la pugna del PSOE y Podemos en el tema de la coalición o no entre ambos, aunque dan la impresión de que la tal coalición se producirá, en el caso, claro, de que la suma les proporcione el Gobierno. Esto ya sabemos que iría acompañado por la agregación del PNV y otros pequeños partidos o la abstención de ERC por lo menos. Ahora sí que estamos todos deseando que pasen estos pocos días y se celebre el 26-M, algo que prácticamente lo tenemos ahí. 
Pero en estos días nos mantenemos en la cuerda floja de la apariencia de posible empate entre la derecha y la izquierda, duda que ha seguido manteniendo el suspense y que no es apta para cardiacos. Unos, que las encuestas dan empate. Otros, que pese a ello, el ambiente huele a otra cosa. Pero se habla de gran duda, de enorme igualdad entre los dos bloques, aunque yo no termino de verlo. En medio, la elección de los presidentes de ambas Cámaras y la recogida del acta de los parlamentarios catalanes presos, algo que no recuerdan los libros de Historia, como tampoco el juramento de la Constitución en esas condiciones. 
Pablo Casado ya habrá llegado a conclusiones en materia de lo que tiene que hacer si ocurre lo uno o lo otro de ambos índices que traiga el 26-M. Esta situación mantiene su crueldad inquebrantable y creo que hace que no merezca la pena a ningún político pasar por esas situaciones, por muy joven y animoso que sea el presidente del PP. Pablo pensará en las consecuencias para su partido, pero quien de verdad se la juega es él mismo, después de pasar varios meses de zozobra a lo largo del poco tiempo que lleva al frente del partido que heredó de Mariano Rajoy, que ya sufrió lo suyo, sufrimiento que ni de lejos puede compararse con el de Pablo, si se confirman, claro, los malos augurios. Y si no se confirmasen, ¿le quedarían arrestos para resistir y continuar?. Eso solo Dios lo sabe. 
Estamos al borde del precipicio o del paraíso, según y para quién, situación que quizá no se había producido en España con anterioridad. Ya sé, ya imagino que estos días son para muchos un tiempo de zozobra y de penitencia, de lo que solo pueden culparse a sí mismos. Pero también sé que esto es inevitable. Si nadie se sometiera a estos riesgos, la gobernación del país sería inviable. Esta reflexión es la que me lleva a agradecer a los políticos su entrega, al margen de la distancia ideológica que con ellos tengamos. Alguien tiene que hacerlo y al que le toca, le ha tocado. Por eso creo que antes de echarlos a los suelos tengamos en cuenta que siempre se exponen al sacrificio, y eso es siempre de agradecer. 


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