LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


La invasión de los ladrones de cuerpos

19/03/2021

Uno de los motivos por los cuales Alemania sufrió más invasiones de las merecidas fue porque carece de defensas terrestres y por tanto, su territorio era un lugar práctico para zanjar disputas políticas, religiosas o económicas. No es fácil saber hasta qué punto ese estigma, esa condena permanente al sufrimiento, forja el carácter de una nación.

Dos guerras, millones de muertos y una ideología malvada, son un bagaje tan demoledor que se comprende que optasen por concentrarse en la economía y pedir perdón múltiples veces. Es lógico que prefiriesen transformarse en un pigmeo político y que otros tomasen las decisiones por ellos. Esa irresponsabilidad es cómoda, pero tiene un deje infantil sospechoso que garantiza que no pueda ser duradero. Muchos creyeron que la Unión Europea o el Euro serían los instrumentos adecuados para casar al país con el continente, pero menospreciaron el seísmo político que provocaría la reunificación alemana.

Desde una perspectiva mundial, la población alemana no es numerosa pero en relación con la Europa continental se convierte en la segunda nación cuantitativamente después de Rusia si ubicamos a Turquía en Asia, su lugar propio. Ese salto hace que se transforme en un titán económico que aplasta a cualquier rival y le dota de agenda política propia.

Son lógicas sus dudas con Rusia, debido a las dimensiones del oponente y el daño causado en la segunda guerra mundial; tampoco hay que despreciar la influencia de la antigua Alemania del Este y el agradecimiento por una reunificación pacífica.

Sin embargo, no hay manera de explicar por qué Alemania financia y apoya el gaseoducto North Stream que al ir bajo el agua, elude a los países de la Europa Central. Esta característica, no solo priva de ingresos de tránsito a los países afectados, sino que los hace vulnerables a un chantaje económico y energético a los vecinos del gigante ruso. Este hecho ha provocado el rechazo total de todos los países liberados del yugo soviético, que no comprenden que Alemania ignore la amenaza a la soberanía que eso supone; más si quien preside dicho gaseoducto es el antiguo primer ministro alemán socialdemócrata Gerhard Schröder. La oposición americana al proyecto es estratégica y la OTAN lo rechaza. Angela Merkel ha sido una pésima primera ministra porque solo ha pretendido unas victorias electorales al ajustarse al capricho de una opinión pública voluble. Tiene una oportunidad para demostrar que es consciente de la responsabilidad de dirigir una nación, hacer lo correcto y vetarlo.



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