CRÓNICA POLÍTICA

Charo Zarzalejos

Periodista


Gobierno estable

El último, por ahora, en sumarse a la petición de un gobierno estable apelando a Ciudadanos, ha sido el expresidente Mariano Rajoy, hombre que si por algo se caracteriza es por su prudencia. Una prudencia que le ha acarreado muchas críticas pero que en un gobernante y más en las circunstancias terroríficas que a él le tocó estar al frente del Ejecutivo, son más bien una virtud que un defecto. 
No cabe duda que todos quieren, queremos, un Gobierno estable. Sería bueno para todos pero las circunstancias, la realidad, apuntan en otra dirección en la medida que el Presidente en funciones tiene 123 escaños en una cámara de 350 diputados. Ha ganado las elecciones de manera indiscutible, pero su triunfo puede ser un paseo amargo o, por lo menos, extraordinariamente complejo. 
No obstante, la estabilidad es posible. PSOE y Ciudadanos suman una mayoría absoluta; es decir, esa eventual suma garantiza la estabilidad. En estas circunstancias, las presiones sobre Ciudadanos han sido -y así seguirá siendo- están siendo numerosas y constantes. Las que sabemos y las que no, pero la presión existe. 
Lo sorprendente es que la presión se dirige en exclusiva hacía el partido de Rivera. Ciudadanos podría pensárselo si por la otra parte, es decir por el PSOE, se hubiera visto un mero atisbo de acercamiento, una mínima voluntad de acercamiento, una mínima disposición a acercar posiciones. Eso no solo no ha ocurrido, sino que su socio preferente es ya Unidas Podemos. 
Pienso que en política quien algo quiere tiene que trabajárselo para conseguirlo. Si realmente, el PSOE y Pedro Sánchez quisieran presionar a Ciudadanos ya hubiéramos conocido alguna reunión cara a cara entre Sánchez y Rivera, hubiéramos conocido alguna propuesta de programa compartido, hubiéramos detectado un mínimo esfuerzo socialista por conseguir esa estabilidad que Ciudadanos -los números cantan- sin duda daría al Ejecutivo. ¿Puede Ciudadanos abstenerse a cambio de nada? Rivera no es Valls ni el Gobierno de España es el Ayuntamiento de Barcelona. Quizás la carta que pudiera jugar Ciudadanos es hacer públicas las condiciones, las exigencias, que eventualmente les permitiría esa abstención tan reclamada por muchos. 
Pero mejor abandonar este escenario. El PSOE quiere la máxima autonomía y ahora están en el tira y afloja con Podemos, que mal que les pese, es fundamental, aunque no suficiente para la investidura. El PSOE lo que no quiere, de ninguna de las maneras, es compromiso alguno con Ciudadanos, salvo su abstención gratis y eso en política no es habitual. Las hipotéticas condiciones que pudiera poner Ciudadanos para su abstención son inasumibles para Pedro Sánchez. 
Dejemos pues a Ciudadanos con su estrategia que las urnas juzgarán sus decisiones y mejor fijarse en Pedro Sánchez. Es a él al que le toca moverse, al que le toca conseguir apoyos y asumir compromisos. Nada va a ocurrir mañana. No me atrevo a asegurar que no tenga prisa, pero nada indica que tenga especial urgencia en formar Gobierno. De momento en el PSOE se va asumiendo que la primera investidura será fallida. 


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