COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Rajoy sabe de lo que habla

Un nuevo frente de presión se le ha abierto a Ciudadanos con la declaración del expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy,  para que el partido de Albert Rivera se acercara a una mini-gran coalición que diera estabilidad al Gobierno y de paso librarse del necesario apoyo o abstención de los nacionalistas vascos y de los independentistas vascos y catalanes. Media vida clamando porque el nacionalismo periférico dejara de tener en sus manos la llave de la gobernabilidad y cuando existe esa oportunidad no solo se desperdicia, sino que se empuja al Gobierno para que conforme una mayoría acorde a lo que han decidido las urnas, que gravite sobre los partidos que votaron de forma favorable la moción de censura y que con esos mimbrees se haga el cesto, porque Ciudadanos y su ‘nueva política’ no están para la transversalidad y romper los bloques ideológicos, sino para apuntalarlos y entretenerse en realizar política con minúsculas en lugar de afrontar con una amplia mayoría y desde el centro izquierda un programa de regeneración económica y social. 

Lo que no se puede hacer, con o sin el ejemplo de Navarra mediante, porque la decisión de no  apoyar o a abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez por parte del PP y Ciudadanos es anterior a lo ocurrido el miércoles en el Parlamento foral, es negar el pan y la sal al líder socialista y luego quejarse de que pueda quedar subordinado a ERC y Bildu. A no ser que lo que pretendan y no lo parece es forzar una segundas elecciones que sería un nuevo fracaso de unos políticos incapaces de mirar más allá de sus narices, o tener la coletilla perfecta para la labor de oposición..

Mariano Rajoy sabe de lo que habla, cuando se ha manifestado a favor de que se alcance e un acuerdo PSOE-Ciudadanos porque “daría una sólida mayoría” y se podría elaborar un programa de gobierno que "de tranquilidad” y con el que se pueda gobernar. Rajoy no contó con esa sólida mayoría porque sus escaños con los de Albert Rivera tampoco  le alcanzaban para la mayoría absoluta y de ahí su dependencia de otros apoyos como el del PNV, y aún así le faltaba un escaño para los 176. Cierto también que el PP ninguneó a Ciudadanos y vulneró e incumplió el pacto en sus aspectos sustanciales, además de que dejaría al PP todo el espacio de la oposición. Pero esa experiencia también  habrá servido a Albert Rivera para que no volviera a ocurrir lo mismo.

Ahora bien, si ya es complicado armar un gobierno de coalición en el que haya ministros de Unidas Podemos, un gobierno con Albert Rivera de vicepresidente, con las malas relaciones que mantiene con Pedro Sánchez no se sabe bien si sería un Ejecutivo estable o una jaula de grillos constante.

En cualquier caso bien está la aportación de Mariano Rajoy al debate político porque va en una dirección que parecía plausible antes de que se abrieran las urnas el 28-A pero que se torció a partir de minuto siguiente a la espera de la segunda vuelta de las municipales y autonómicas, sin que Rivera consiguiera sus objetivos, para decidir después entregar todo el poder territorial posible a su supuesto adversario. No obstante, Rajoy sabe que su propuesta es un desiderátum que no se va a conseguir “si nos atenemos a lo escuchado hasta ahora” de los responsables de ambas formaciones políticas.


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