TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Dueños

03/07/2020

Atención, pregunta: ¿De quién es el fútbol? En una visión romántica, diríamos que es de los futbolistas, quienes ponen el arte, y en menor medida de los entrenadores, quienes preparan las partituras. Pero en la visión mercantil, es de las grandes corporaciones audiovisuales y después de sus filiales (o socios, o directamente compradores de contenidos a lo largo del planeta), es de los presidentes pero mucho más del dueño de las acciones, del jefe de la Liga de turno (Tebas en el nuestro), del jefe de márketing de la tele y de la Liga, del CEO de una empresa a 12.000 kilómetros del estadio y de su hija y de sus 20 hombres de confianza, es de un emir, de un jeque, de un oligarca o de un fabricante de coches teledirigidos, de asesores y directivos y vocales, de negociadores y programadores, del amigo del amigo. Del que arriesga la pasta, en definitiva. Y no, tú no, tú sólo la pones sobre la mesa a tiro fijo y esos quinientos pavos anuales no te convierten en nada más que un paria, un mero espectador pasivo de todo este tinglado.

Todos podemos tener más o menos claro el momento aproximado en que el fútbol dejó de ser de los aficionados. Pero incluso en el más radical de los escenarios se mantuvo siempre un pacto de no agresión a quienes llenan los estadios, quienes le meten pasión al juego más allá de los billetes. Los que empezaron a mandar más que el forofo (todos, en definitiva) respetaron al individuo y a su masa social… Sin embargo, el peligro está en una gestión indecente, tiránica y alejada de la realidad, pues si el fútbol pertenece a quien escribe «algunos fans del Valencia están criticando y maldiciendo a mi familia. ¿No lo entienden? El club es nuestro y podemos hacer lo que queramos con él, y nadie puede decirnos nada» (la hija de Peter Lim, dueño del Valencia) es que nos lo hemos cargado, ¿verdad?



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