COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Diálogo y Estado de Derecho para resolver problemas

16/01/2020

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, ha afirmado recientemente que el PSOE y Podemos “han pactado un proceso como el de Zapatero con ETA”, para afrontar la situación en Cataluña. Esa declaración la realizó en un acto de tarde con el exministro del Interior con José María Aznar, Jaime Mayor Oreja, cuando por la mañana había afirmado que el PP haría una oposición “sin estridencias ni trincheras”.  

Al echar la vista atrás es preciso reconocer que aquellas conversaciones que resultaron frustradas por el atentado de la T-4, acabaron con el fin de ETA, logrado por la conjunción de una serie de factores, la fortaleza de la sociedad, la eficacia policial y judicial, la cooperación internacional y la decisión de la izquierda abertzale de retirar el apoyo a la banda terrorista, aunque es este terreno les queda muchos pasos que dar para cerrar la herida abierta por el terrorismo. Pero ETA ya se ha disuelto y nadie ve posible su resurrección. El PP estuvo siempre en contra de ese proceso de paz -a pesar de que Aznar emprendió el suyo-, rompió el pacto de dejar que fuera el Gobierno quien dirigiera la política antiterrorista con el apoyo de la oposición, negó una lealtad que el PSOE siempre mantuvo, ocupó las calles reiteradas veces y, Rajoy acusó a Zapatero de traicionar a los muertos.

Para Pablo Casado, con aquel proceso, el PSOE lo que trató fue cambiar “paz por poder”. El cese de la actividad armada de ETA se produjo el 20 de octubre de 2011, dos meses antes de las elecciones generales, en las que el PP alcanzó la mayoría absoluta por segunda vez. El PSOE no obtuvo ningún rédito de aquella decisión de la banda terrorista, que en otro momento habría sido considerado un hecho histórico que justificaba una legislatura, porque el estado de ruina militar y moral de ETA estaba descontado por una sociedad más preocupada por una crisis económica que ya era imparable.

Elucubrar con que el PSOE se pudiera estar cobrando en diferido aquellas acciones con el apoyo de EH Bildu al Gobierno navarro o la abstención en la investidura de Pedro Sánchez es realizar una labor de oposición basada en una excesiva presencia de ETA en el debate que hasta el recién dimitido portavoz del PP en el Parlamento vasco, Borja Sémper, considera que “chirría”, porque parece que se pone en duda que el Estado de Derecho derrotó a ETA, aunque  reconoce que todavía queda por resolver como se trata a EH Bildu.

Si se aplican las dos consideraciones mencionadas de Pablo Casado sobre ETA al procés independentista cabría decir que iniciar un proceso de diálogo con el independentismo bien estará si acaba bien, si se impone la razón de Estado que está del lado de quienes apuestan por la unidad de España  y la defensa de la Constitución,  algo de lo que no se puede dudar del PSOE pese a que lo tachen de haber abandonado el constitucionalismo. El diálogo y la fortaleza democrática –política, legal y judicial- son los instrumentos para abordar el problema catalán. EH Bildu está fuerte en el País Vasco como el independentismo lo continuará estando en Cataluña, pero habrán aceptado el marco legal  existente, aunque pretendan cambiarlo. En cuanto a la posibilidad de que el encauzamiento del expediente catalán derive en que el PSOE pueda mantener más poder es una posibilidad que la situación económica puede desbaratar en cualquier momento.



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