LA COLUMNA

Luis del Val

Periodista y escritor


Banqueros bajo sospecha

Ya había banqueros en Mesopotamia, hace más de 4.000 años, porque el comercio es inherente a la sociedad. La diferencia teórica entre comprar y vender tomates o comprar y vender dinero no existe, más allá del producto. Lo que ocurre en las sociedades actuales es que, si el vendedor de tomates se equivoca, y compra mal y vende peor, se arruina, mientras que si el banquero adquiere el dinero a muy alto interés y lo vende sin beneficios, también se arruina, pero su ruina la pagamos todos a escote. 
El banquero siempre ha observado al vendedor de tomates por encima del hombro, a pesar de ser su cliente potencial, y, en injusta correspondencia, el vendedor de tomates le tiene un gran respeto al banquero y nunca lo considera un comerciante como él, aunque lo es. 
Además de vender dinero, el banquero vende confianza, porque entendemos que no se va a escapar con el dinero que le damos a guardar, y por eso se lo dejamos. Y es por ello que, cuando la confianza tiene fallos, como es caso del BBVA, se deben tomar medidas extraordinarias, y no actuar como alcaldes pueblerinos, esperando que pase la tormenta, porque ya escampará. 
Estoy seguro que el BBVA tiene un buen equipo de comunicación, y que habrá asesorado en el sentido de que es necesario salir al exterior y dar pruebas de solvencia y seguridad. Y también estoy seguro de que el apego a los sillones les impide actuar y no hacer caso de esas útiles recomendaciones. 
Y hacen mal, porque el culo de algunos componentes del consejo de administración no es más importante que decenas de miles de culos de accionistas, que permanecen perplejos ante una historia de espías que tiene poco que ver con el comercio tradicional, sea el de tomates o el del dinero. 
Depuren responsabilidades. Aparten a los indignos. Y recuperen la confianza de sus clientes. Por muy importante que les parezcan sus posaderas.  


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