PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Desconfianza e histeria

05/03/2020

La aparición, en la ciudad china Wuhan, de numerosos casos de infección por un coronavirus ha desatado, aparte de las sanitarias, unas consecuencias sociales no siempre positivas. Se está generando cierta histeria colectiva a pesar de la abundante información sobre los coronavirus –una familia de virus que se conocen desde los años 60- y las distintas enfermedades que provocan -similares a otras enfermedades gripales- y a que no es la primera epidemia que sufrimos ni tampoco la peor; incluso a causa de la gripe común fallecen casi 600.000 personas cada año.
¿Por qué este miedo? El miedo es lógico, exige cautela, pero no se debe perder la calma. No es razonable acaparar alimentos «por si acaso» o la compra –o el robo- de mascarillas cuando mantener la higiene básica de lavarse las manos con frecuencia, evitar las aglomeraciones y usar pañuelos para taparse la nariz y boca evita el contagio. Y más ilógico resulta la aparición de actos racistas contra ciudadanos chinos y sus negocios cuando es obvio que no son responsables de la situación.
Probablemente el miedo y la histeria se deban a la desconfianza de la población sobre los mensajes del Gobierno –por los numerosos casos de corrupción y su manifiesta incapacidad para gestionar la economía- a las «teorías de la conspiración» tan numerosas en internet –la falta de censura en la red que permite a cualquiera insertar lo que le parezca es, a la vez, su grandeza y su peligro- y al conjunto de informaciones que amplifican más los fallecidos que la baja mortalidad del virus. La superabundancia de información dificulta encontrar fuentes confiables. El video de la supuesta «enfermera de Wuhan» desmintiendo las informaciones del Gobierno chino o los WhatsApp afirmando que estamos ante un arma biológica que se escapó de un laboratorio secreto de China no ayudan a mantener la calma. Otro mensaje atribuye esta crisis a la actuación de sociedades secretas que trabajan para conseguir un ‘Nuevo Orden Mundial’ aprovechando el miedo colectivo para que la población acepte la limitación de las libertades individuales –prohibición de manifestaciones para evitar contagios, por ejemplo- en aras de una solución al problema –se ha utilizado en casos de terrorismo: el Acta Patriótica Norteamericana surgida del 11M limita las libertades personales para defender a los norteamericanos de los que quieren limitar sus libertades personales- y generar un gran negocio asegurando que primero inventan los virus y después venden el remedio: para muy pocos casos de gripe A se fabricaron millones de vacunas para destruirlas después. ¿Verdad o mentira? No hay pruebas pero la ausencia de prueba no es prueba de ausencia.
La OMS afirma que estos mensajes no están justificados, que las autoridades sanitarias han establecido protocolos para asegurar la detección y el aislamiento de las personas infectadas. Admiten que es posible que pueda infectarse entre el 40 y el 70% de la población mundial pero que hay mucha diferencia entre estar infectado y estar enfermo; sólo entre el 1 y el 2% de los enfermos han fallecido. Aunque es una paradoja que cuando vivimos en una época en la que disponemos de los mejores conocimientos médicos de la historia, la presencia de enfermedades y alergias es mayor que nunca, confío en el presidente del Colegio de Médicos de Soria cuando pide «tranquilidad ante la posible llegada del coronavirus» porque el «Sacyl está haciendo las cosas bien».



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