SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Pensar con los pies

31/12/2020

No me cabe la menor duda de que, si se hiciera una encuesta sobre la gestión de las primeras semanas de la pandemia, la mayoría de los españoles matizaría su respuesta en función de lo complicadas que son las cosas cuando afrontas un problema tan extraordinario y nuevo. Diez meses después ya tenemos derecho a la crítica, especialmente sobre cuestiones en las que no se requieren sesudos análisis de científicos ni expertos de otro pelo. 
Vamos al asunto, o los asuntos. Nos rasgamos las vestiduras, convocamos a Satán y nos cagamos en tó, cuando supimos hace unas semanas que Soria y Segovia no contarían inicialmente con espacios protegidos y calefactados para esperar en el exterior de un centro de salud o consultorio a que nos tocara el turno para ser atendidos. Absurdo, se mire por donde se mire, que pasemos por ser uno de los territorios más fríos de España y la Junta no tuviera la precaución de atender una necesidad evidente, aunque sólo fuera porque la intemperie, sin ser tan agresiva como el coronavirus, también puede hacer estragos, sobre todo en personas delicadas. Pero tranquilos todos. La Delegada Territorial, no tardó en decir que era una cuestión administrativa, y que a Soria también llegarían los módulos exteriores. No sabemos quién cometió el error ‘administrativo’ ni falta que hace porque, al final, la solución llegó. Bueno, la solución es un decir.
Si toda la respuesta de la Junta de Castilla y León a esta incidencia, me niego a llamarla problema, ha sido como la del Centro de Salud Soria Norte, estamos apañados. No porque sea una estupidez integral, sino porque nos hace plantearnos en manos de quien estamos para responder a cuestiones tan minúsculas.
Cada mañana, en la parte de arriba del paseo de Espolón, se reúnen personas que están citadas, para lo que sea, en el Centro de Salud Soria Norte. No pierden de vista la puerta porque, se supone que allí, un empleado, contratado al efecto para refuerzo por el Covid, le debe decir cuando tiene que acceder a hacerse análisis o a la consulta que le toque. Están al raso, pero hay un espacio cubierto, que casi nadie  tiene en cuenta. Un contenedor, de los que se usan en la construcción, de unos 18 ó 20 metros cuadrados, para resguardar a los pacientes de las inclemencias meteorológicas. Objeciones. Está lejos de la entrada del Centro de Salud, tiene la puerta en la parte posterior, la que da a la dehesa, es pequeño y amontona la gente en un lugar cerrado y con escasa ventilación. Ustedes verán si eso no es pensar con los pies. O tomarnos el pelo, con una faena de aliño que es lo más probable.



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