LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Desolcaión y mudanza

05/10/2020

«En tiempos de desolación, nunca hacer mudanza» decía san Ignacio de Lozoya, argumentando «porque no se puede tomar camino para acertar». Esta regla se la debería de aplicar el Gobierno porque, descendiendo al dicho popular de que no se pueden tener mil frentes abiertos ya que se termina perdiendo, es lo que le ocurre en este momento al Ejecutivo de Pedro Sánchez, cuando debería de estar centrado en llevar las riendas del país, transmitiendo mensajes claros y adoptando decisiones que protejan la salud y el bienestar, no tratando de apagar los fuegos con gasolina, sobre todo sus socios en el banco azul. 
Con el último rifirrafe de Sánchez con Ayuso, los ciudadanos andan confundidos, especialmente los madrileños, porque no se sabe qué medidas deben tomar y el nivel de efectividad de las mismas. Las hipotéticas balas perdidas de este enfrentamiento las está recibiendo el ciudadano que observa cómo solo importa la rentabilidad política por encima de evitar la expansión de un virus mortal. 
Pablo Casado, con un partido que tiene difícil tapar las grietas en un nuevo caso relacionado con la corrupción y el tesorero Bárcenas, en este ocasión con las maniobras de la llamada policía política, por lo que un juez ha imputado al exministro Fernández Díaz, dejó claro que todos los representantes populares habían votado en contra de las medidas adoptadas para las ciudades en el Consejo Interterritorial de Sanidad. Tan trasparente fue que, en el caso de que algunos gobiernos tengan presidente de su partido, como el de Castilla y León, ya aclaró que la consejería le pertenecía a su socio de Cs, como si no les conociera. 
Aquí está la dicotomía, como se trata de una propuesta del PSOE lo vota en contra el PP, no hay más que hablar ni enmiendas que aportar o resoluciones que pactar para algo tan importante como la vida de las personas. ¿Unos siempre aciertan y otros siempre se equivocan? Tratar de ponerse a la altura de la ultraderecha no solo le perjudica a Casado, también a la presidenta Ayuso, a quien utiliza de ariete, lejos de llamar al orden, sin apreciar que está desgastando el apoyo que tiene de Cs. 
Es malo generalizar, pero los políticos no están a la altura, digamos la mayoría porque alguien habrá que acierte. El mal está creciendo y puede tener consecuencias insospechadas. De momento, deberían tener claro que hay unas reglas del juego que se llama Constitución, y no conviene estar mareando todos los días con la conveniencia o no de algunos artículos o la necesidad de cambio. Cualquier modificación requiere un alto consenso parlamentario y un refrendo posterior. 
Dejen de marear la perdiz que nos sobran elementos de tensión y, además, para los insultos de trazo grueso ya están otros que se disponen a defender una moción de censura. 



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