CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


El diluvio

Los españoles siempre hemos sido solidarios en situaciones límite, los primeros en acudir allá donde acudía una tragedia, los primeros en apuntarse como e voluntarios para buscar desaparecidos en las muchas catástrofes provocadas por la naturaleza desbordada en cualquier lugar. Sobre todo en los países hermanos de Latinoamérica, siempre cercanos a pesar de la lejanía y siempre tan castigados.

Ahora el golpe, los golpes, nos han caído a nosotros, y toca reaccionar como sabemos hacerlo. El diluvio universal se ha ensañado contra todo el Este con una fuerza devastadora, dejando muertos, heridos y desolación. Mucha desolación. Infinita desolación. Pero igual que hicimos en otras ocasiones, vamos a dar el do de pecho. Contribuyendo a paliar sus efectos destructivos con nuestras manos, con nuestras fuerzas de seguridad, con voluntarios llegados de todas partes, con donaciones, ofreciendo toda la ayuda necesaria y más. Lo que hace falta es que también las autoridades estén a la altura, que a veces se les ha ido la fuerza por la boca y hay lista de promesas incumplidas…

Estamos ante la oportunidad de demostrar que los españoles somos punto y aparte cuando vienen mal dadas, que ponemos todo el empeño en ayudar donde haga falta, sacamos fuerzas de donde haga falta y contribuimos con lo que tenemos e incluso con lo que no tenemos; somos generosos cuando toda serlo. Y toca ahora. Es absolutamente necesario que cuando se calmen las aguas, los ríos vuelvan a sus cauces y las lluvias dejen de arreciar, nos pongamos inmediatamente en faena y colaboremos para que la tragedia se vaya diluyendo y se apacigüen las desgracias poco a poco. Hay pérdidas irreparables, las de los muertos, las de los desaparecidos y también la de recuerdos materiales irrecuperables; objetos y muebles que han pertenecido a nuestras familias durante generaciones. Pero entre todos sabremos cómo salir adelante, porque no nos falta fuerza y sobre todo empeño en contribuir a paliar los daños de un Dana que nos ha aplastado.

Ya desde el primer momento se han conocidos gestos ejemplares: gente que ha arriesgado sus vidas por salvar la vida a los demás, miles de personas que han cogido cubos y palas para ayudar a ciudadanos con los que nunca habían cruzado palabra, ofrecimiento de ayuda a bomberos, policías y militares para echar una mano donde hiciera falta, familias que han metido en su casa a desconocidos para darles cobijo…

Tenemos muchos defectos, pero los españoles sabemos responder cuando vienen mal dadas. Vaya si sabemos. Y ahora, la prioridad, es contribuir a que el Dana se convierta cuanto antes en una pesadilla a la que supimos meter en cintura, pudimos vencer reconstruyendo sus destrozos y dando apoyo anímico a quienes han perdido todo. No ocurrirá como en Puerto Rico, donde llevan dos años esperando una ayuda de Washington que nunca llega y los voluntarios del continente americano son un bien escaso