UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


El virus

Empezó siendo una cosa de poco y de lejos, allá en China, y en unas semanas se ha convertido en un problema mundial creciente. Cada noticia sobre cualquier incidencia relacionada con el coronavirus corre como la pólvora y genera dudas, al margen del rigor o la confirmación oficial que tenga. No es que tenga yo un mínimo de conocimiento científico sobre el asunto; nada sé de virus, y menos aún de las muy diversas variedades que tiene este que nos preocupa, y casi nada entiendo de sanidad pública, ni estoy en condiciones de valorar el alcance del problema ni la naturaleza y eficacia de las medidas que deban de tomarse, sea con carácter preventivo porque haya sospecha fundada, sea cuando haya seguridad declarada de la existencia de un brote en cualquier lugar. De esa base parto para la observación de algunas reacciones que me parecen algo desorbitadas, al menos en el estado actual de la información disponible sobre el tema.

Se va oyendo que la demanda de mascarillas prolifera hasta el punto de que vayan a agotarse las disponibilidades, y que tal medio protector se convierta en un producto escaso y cotizado; se percibe que empieza a haber personas que, al cruzarse casualmente en la calle con alguien con rasgos asiáticos, que puede ser chino, coreano o indonesio, vuelve la cara, da la vuelta o cambia de acera; se observa que, ante cualquier acceso de tos en el entorno, hay reacciones de incomodidad o de rechazo, incluso si la causa del estornudo es un simple constipado sin mayor importancia; se sabe, en fin, que episodios, en principio sin mayor alcance, como el de la mujer china que al regresar de allá acudió por mera precaución y sin síntomas a un examen voluntario para descartar, provocaron notable inquietud.

Y en este estado de cosas, y antes de que esto se convierta en un motivo de alarma colectiva y generalizada, ¿no sería conveniente hacer las dos cosas que ahora mismo parecen más oportunas? Una, más información oficial, rigurosa y frecuente. Por parte de las autoridades sanitarias; la otra, prudencia exquisita en los medios de comunicación a la hora de transmitir noticias. Ya hemos oído que el virus está afectando a la economía mundial y a las bolsas; intentemos, al menos, mantener tranquilas a las personas.