PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Tiempo de evaluaciones

La Consejería de Educación ha convocado las pruebas de nivel académico (recogidas en la LOMCE –Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa-) de alumnos de 3º y 6º de primaria y 4º de la ESO. Las pruebas para alumnos de final de etapa (6º y 4º) se aplican a una muestra escogida entre todos los centros (los resultados se extrapolan a toda la Comunidad) a diferencia de los alumnos de 3º de primaria, que las realizaran todos.
Las pruebas pretenden evaluar el sistema educativo en general, no a cada estudiante en particular y pretenden obtener datos para conocer y mejorar el rendimiento del alumnado, revisar las programaciones didácticas y establecer, si fuese necesario, planes de refuerzo para mejorar el rendimiento en los cursos siguientes. Soria tiene el mayor porcentaje de objeciones a la reválida de España (en 2017, en el IES La Rambla de San Esteban de Gormaz, sólo un alumno –de los 26 de 4º de la ESO- realizó la prueba). Los que se oponen creen que son inútiles porque no sirven para aprender y que celebrarlas a fin de curso, difícilmente pueden permitir mejoras. Se critica también que no se valora el progreso del alumnado, tan sólo el resultado final independientemente del punto de partida y que sienten que es una forma de cuestionar la labor del profesorado durante todo el curso académico.
Siempre he defendido un principio: «Evaluar para conocer; conocer para mejorar» pero hay que tener claro qué se quiere saber y para qué se quiere saber. La escuela no está para enseñar, su fin es que los alumnos aprendan y evaluar sólo logros académicos es un conocimiento muy pobre. Los resultados son los efectos y es más útil actuar sobre las causas. Estudiar aspectos como el liderazgo profesional, el ambiente de aprendizaje, los niveles de exigencia, el seguimiento personalizado del progreso a través de una correcta evaluación continua o la participación de las familias proporciona mejores indicadores para establecer planes de mejora.
Y mucho me temo que en este curso nuestro alumnado volverá a ser castigado otra vez. Seguimos sin una EBAU (Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad) común para todo el territorio nacional. Una enorme injusticia porque es una prueba nada ecuánime entre las autonomías, lo que significa que el alumnado de Castilla y León no tendrá las mismas oportunidades para acceder a los estudios deseados -grados de “números clausus” o los de doble titulación- o se verán obligados a salir a otras comunidades con el consiguiente coste económico. ¿Cómo se puede entender que en el Informe PISA de 2015 quedara Castilla y León la mejor clasificada y que en la EBAU de 2017 ocupara el puesto 12? ¿Cómo es posible que Canarias, puesto 17-último- en PISA fuera la mejor colocada en la EBAU? En 2018 Extremadura quedó clasificada en los peores puestos de PISA; en la EBAU quedó la primera. Castilla y León, la primera en PISA descendió al puesto decimo en la EBAU. Está clara la injusticia y la falta de equidad de la EBAU. Se debería haber puesto remedio hace mucho tiempo a esta injusticia. 


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