SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Más agua y menos tonterías

Con el asunto este de la despoblación empieza a haber mucha tontería. Me explico. Todo el que tiene ocasión, como vengo reiterando desde que tengo uso de razón, se moviliza con todo tipo de convocatorias en la que congrega a tanto experto como alcanza el presupuesto y emite conclusiones que se parecen, como un huevo a otro, a las de el anterior seminario, jornada o lo que sea. A mayores florecen como las margaritas en primavera iniciativas artísticas y culturales que buscan dar visibilidad al problema para sensibilizar a la población y los que la gobiernan con mejor o peor fortuna. Más bien con peor. Alguno de los que me lean ya estará dándose por aludido mientras urde el texto para una réplica en cartas al director con el objetivo de ponerme a caer de un burro, a la vez que defiende sus originales ideas con entusiasmo. No pierda el tiempo, al menos hasta que no termine mi perorata y pueda sacar conclusiones.     
En plena reivindicación de autovías, ferrocarril, internet de banda ancha y demás servicios e infraestructuras, propias de la altura de siglo a la que nos encontramos, hay que volver al neolítico para exigir  lo que lograron nuestros primitivos ancestros cuando se asentaron en un territorio y dejaron de ser esos nómadas que iban de acá para allá buscando caza, o frutas o raíces que recolectar. El agua. Sí, el agua era la base fundamental de cualquier asentamiento. Nadie hacía choza o cultivo allá donde no tenía garantizado el líquido elemento y hete aquí, que aún hay sitios, como las Tierras altas de Soria en las que pasan las de Caín para poder  progresar un poco o, al menos, mantener el los pueblos vivos por falta de agua.
Naturalmente el problema tiene solución, hay tecnología y presupuesto, e incluso parece que se había puesto en marcha el mecanismo para la solución. La presa famosa, ahora paralizada. Pero vamos con lo de la tontería. A los sampedranos, que les organicen una exposición, un concierto, un congreso o una feria contra la despoblación, les parecerá una soberana chorrada, simplemente porque tienen una necesidad perentoria, primaria, si quieren llamarla así, y les trae al fresco la concienciación y toda su parafernalia. Sin agua no hay empresas, ni paisanos, ni ganado. Ni na. Al poderoso imperio Asirio se lo llevó una  sequía por delante.
Dicho esto propongo la creación de un colectivo que en lugar de reivindicar, dedique sus esfuerzos a poner en evidencia, con sentadas, pancartas o lo que sea, lo absurdas que resultan ciertas movidas de cara a la galería. Son algo así como tropezarse con un mendigo que se muere de hambre y regalarle cuentas de colores.