Carmen Hernández

Periodista


¡Vade retro, Satanás!

22/02/2020

Yo creía que los herejes ya no estaban perseguidos pero, esta semana, he visto en la tele un juicio contra uno que se había cagado en dios o en Dios, no estoy segura. Claro que, a lo mejor, no es hereje sino blasfemo y, en todo caso, Willy Toledo (que se llama así) tiene mucha suerte porque ya no le pueden poner un sambenito y azotarlo públicamente, ni mandarlo a galeras ni quemarlo en la hoguera. De todas formas, me extraña que, en una democracia, los pecados sean delito. Pensaba que la separación Iglesia-Estado era un hecho pero se ve que no. Cualquier día, te detienen por comerte un torrezno en Viernes Santo. Y no lo entiendo porque, si pretenden garantizar la libertad religiosa,  tendrían que perseguir a quienes no dejen a otros celebrar el Sabath o rezar mirando a La Meca. Pero cagarse en Dios no coarta la libertad de nadie ni impide la práctica de ninguna religión; es más, podría considerarse un estímulo para que los devotos puedan organizar actos de desagravio, tedeums y cosas así.
La Constitución reconoce la libertad religiosa pero no recoge el derecho a enfadarse, a molestarse ni a ofenderse en relación con las creencias individuales porque -esa es otra- para mucha gente ser vegetariano o del Atleti es más que una religión así que los tribunales podrían saturarse de demandas después de cada jornada de liga, por ejemplo, con las barbaridades que se oyen en los estadios de fútbol.
A mi me molesta mucho que curas, obispos y clero en general hablen ex cátedra de sexo, familia y educación, asuntos de los que no tienen ni idea con tanto celibato y tanta virginidad. A veces, hasta se atreven a justificar la discriminación de las mujeres y a atacar a los homosexuales con total impunidad.Y eso sí que tiene delito aunque los autores de semejantes libelos piensen que van a ir al cielo. Por nuestra parte,a los pecadores nos gustaría salir del Código Penal. Ya nos veremos en el infierno.



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