Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


El campo se agarra al seguro agrario

26/09/2020

El seguro agrario, con todas sus carencias y aspectos a mejorar como la reducción de las subvenciones a las primas pagadas por el agricultor, ajustes de los rendimientos reales, la necesidad de ampliar su aplicación en algunos sectores importantes de la producción o de avanzar hacia un seguro de rentas que no se acaba de ver en la Administración, se ha consolidado como uno de los ejes más importantes de la política agraria al alcance del sector. Y prueba de ello es que, a pesar del incremento de las primas pagadas en el campo por la rebaja de las subvenciones, crecen las pólizas, las hectáreas y el capital asegurado. El sector agrario se agarra al seguro como el mejor instrumento a la hora de amarrar unos ingresos que, al menos, permitan garantizar unos ingresos para no asfixiar las cuentas de la explotación ante el avance de los riesgos climáticos y el aumento de los costes.
 Según los datos manejados por Agroseguro, en los ocho primeros meses de este año se ha registrado un importante aumento de la respuesta del sector agrario hacia la contratación del seguro. Hasta el 31 de agosto se habría incrementado en un 7% el número de pólizas pasando de 290.00 a más de 310.000. En lo que se refiere a la superficie contratada, se pasaría de poco más de tres millones de hectáreas a 4,5 millones, con un aumento del 48%. Se estabilizan los animales asegurados en más de 200 millones. La producción asegurada pasa de 24,7 a 29 millones de toneladas con una aumento del 19,2% y el capital asegurado de 9.774 a 10.550 millones de euros con un aumento del 11,4%.
Por sectores, crece en un 42% la producción asegurada en cereales y del 64% en superficie, con un capital asegurado de 2.200 millones con un aumento del 38% sobre el año anterior. En hortalizas crece la producción asegurada en un 24 y en capital en un 45% hasta los 1.600 millones. En cítricos, un 16% y un 17% en valor hasta más de 1.000 millones de euros.
Desde este mes están abiertos los módulos de otoño para la contratación de los cultivos herbáceos, uva para vino, frutos secos y olivar, que es cada dos años.
 Todo ello pone de manifiesto que el agricultor, por encima de la traba que supone la subvención a la baja, es consciente sobre la necesidad de tener una adecuada cobertura a su actividad considerando el coste como uno más de la explotación ante los riesgos climáticos. Desde Agroseguro se valora esa respuesta como una muestra de la confianza del sector hacia la política española del seguro agrario como un sistema consolidado frente a los siniestros.
La respuesta del sector a la política del seguro en los últimos ocho meses no es una sorpresa. Se podría decir que ha sido una continuidad en la línea con lo que se ha producido en los últimos años con el mantenimiento de pólizas, aumento de la superficie y del capital contratado, a pesar de la evolución al alza de las primas, en parte por la reducción de las subvenciones y además por el mayor capital asegurado. Más por menos.
En 2011, con un cargo de la prima al asegurado del 43%, el volumen de las pólizas se elevaba a unas 490.000. Dos años más tarde, consecuencia de una reducción de las subvenciones de Enesa y de las regiones, ese porcentaje de las primas a cargo del agricultor superaban el 60%. Bajaron la contrataciones, pero se han mantenido en unos niveles elevados entre las 420.000 y las 450.000. Junto al dato positivo de las pólizas, hay otros importantes como el aumento de la superficie entre 6,5 y siete millones de hectáreas y, lo más importante, con una producción asegurada hasta los 36 millones de toneladas y un capital que llegó en 2014 a la cifra récord superando los 14.000 millones de euros.
Los efectos del cambio climático se han dejado sentir en los últimos tiempos con un aumento de la siniestralidad en forma de fenómenos más puntuales, pero con mayor agresividad. Años de sequía han existido siempre y para acabar con aquellas mesas eternas en los años 80 apareció el seguro. Los fenómenos de la gota fría han ganado peso elevando las indemnizaciones casi hasta los 766 millones el año negro de 2012 por la sequía, pero que ya se han apuntado a esas cifras con 737 en 2017 y a 755 millones en 2018, el segundo más elevado. Frente a esas cifras, el importe de los recibos de las primas se situaron entre los 750 y de 757 millones de euros, lo que supuso la necesidad de tirar de los fondos del consorcio de compensación y de reservas.
En lo que va de año, según los datos de las aseguradoras, el volumen de los siniestros ya se eleva a 473 millones con 745.000 hectáreas afectadas en base a más de un millar de siniestros donde destacan los pagos en frutas, hortalizas, viñedos, ajo, cebolla, cereza y cereales por heladas y pedrisco, fundamentalmente.
Desde Agroseguro se destacan sus esfuerzos para hacer peritaciones rápidas, ajustadas a los daños y, sobre todo, que las indemnizaciones sean casi automáticas, lo que es una muestra de la confianza del sector hacia su actividad. 
El seguro agrario, frente a los 300 millones de euros de subvenciones que llegó a contar por parte de Agricultura y otros 100 puestos por las Comunidades Autónomas, ha atravesado en los últimos tiempos una difícil travesía ante la congelación de los dineros de Atocha en 211 millones de euros y la rebaja por parte de las regiones a unos 40 millones de euros. 
Estas circunstancias, con más hectáreas aseguradas y más capital provocaron la subida de primas por parte de las entidades aseguradoras, situación que se palió desde Agricultura con créditos extraordinarios, a los que se sumaron también más fondos de las Comunidades Autónomas, pasando de los 40 a los 70 millones de euros.
 Para el próximo Plan está por ver el montante que decida el Gobierno.