ENTRE HOY Y MAÑANA

Juan Manuel Pérez

Periodista. Editor de informativos de RTVCyL


La Resistencia

El martes, la alcaldesa de Vic y diputada de JxCat en el parlamento catalán propuso no hablar castellano a quien, por su nombre, acento o rasgos físicos, no parezca catalán. El jueves entrevisté a Pau Guix, un dramaturgo comprometido con el movimiento Dolça Catalunya, ese grupo de catalanes resistentes al virus separatista que han recogido el testigo de la Tabarnia soñada, donde sigue imperando el sentido común. Guix escribió hace un par de años un libro que se titula El hijo de la Africana. Un homenaje a su madre murciana recordando el apodo que le dedicaba su familia paterna, de Cataluña de toda la vida.
La regidora de Vic se llama Anna Erra y, por su aspecto, podría ser de Barcelona o de Albacete. Por su cerebro no hay duda de que es una racista sin complejos. Ella y el resto de camaradas separatistas, que fueron incapaces de afearle la conducta después de presumir de xenófoba en sede parlamentaria. Aquellos que se sitúan abiertamente frente a ese fanatismo corren el riesgo de caer en la muerte civil. Los nacionalistas tienen todo el poder y todo el dinero y apenas dejan espacio a las voces disidentes. Guix tiene claro que ese dominio lo han logrado gracias a uno de los planes de ingeniería social mejor concebidos en la Europa contemporánea: el Programa 2000 diseñado por Pujol, con el que pretendía que la identidad catalana fuese hegemónica en todos los estratos de la sociedad. El tiempo le ha dado la victoria. En gran medida porque su ambición se enfrentaba a la de políticos cortoplacistas. Esos que se arrodillaron sin pudor ante el patriarca del independentismo con el propósito de llegar a la Moncloa sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos.