TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Recuerdos

30/03/2020

A falta de realidad, nostalgia: ya que el deporte no sucede, hagamos memoria. Vídeos con historia, viejos partidos, carreras y etapas de Tour en Teledeporte, entrevistas a exjugadores contando las batallitas del abuelo, los 10 mejores partidos de la historia, tus 20 hitos deportivos favoritos, los 50 goles de nuestras vidas, encuestas inagotables en medios online: ¿Cuál es tu camiseta histórica favorita? ¿Y tu gran recuerdo deportivo? ¿La mayor sorpresa? ¿Quién debería ganar el Balón de Oro… si resulta que el parón es definitivo? ¿Deberían Tebas y Rubiales bailar pegados? Esto último, he de confesarlo, es sólo fruto de un mal sudor nocturno fruto del confinamiento: en ocasiones veo reconciliaciones beneficiosas para todos…

La nostalgia es, en cierta forma, vivir en el presente sensaciones del pasado. Los sentidos se reactivan y es posible recordar el bote de alegría que pegaste, sino con quién estabas, a qué olía y qué bañador llevabas aquel mediodía de 1993 en que Indurain le recuperó 50 segundos a Rominger en el descenso del Tourmalet o aquella tarde-noche de Wimbledon'08 con Nadal y Federer matándolse suavemente a raquetazos. O aquella canasta, o aquel hectómetro, o aquel gol…

Ahora que distinguimos entre profesiones «esenciales» y «no esenciales», es justo reconocer que el deporte de masas (para el espectador) es puro entretenimiento: algo apasionante pero no trascendente, espectacular pero no importante. Sin embargo, como un buen libro o una gran película, afecta directamente al terreno de las pasiones. Lo que sucede en el campo, en la pista o en el televisor también está sucediendo de una forma única e inexplicable en la cabeza del forofo que vibra, se tensiona y recordará para siempre.



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