Editorial

Cumbre y emergencia climática para salvar el planeta

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La Cumbre Climática que arrancará en Madrid esta semana pretende ser el acicate más importante para que más países asuman de forma acelerada más compromisos para frenar el calentamiento global. El objetivo cero emisiones netas de carbono para 2050 cuenta en la actualidad con 67 adhesiones (entre ellas España), centenares de ciudades y más de 80 grandes compañías del mundo pero la presidencia de la cumbre, ostentada y compartida entre Chile y España, aspira a sumar más participantes para frenar lo que ya se considera irrefutable desde el campo científico: el aumento de la temperatura en la última década en todo el mundo. Lo que pretendía ser una meta fácilmente alcanzable en el punto de partida de la Cumbre de París en 2015 de que la temperatura no subiera por encima de los 1,5 grados, al ritmo actual de emisiones y de consumo energético se espera que se superen los 2 grados a partir de 2030.
Esta cita mundial a la que la ONU le ha dado de las mayores trascendencias pretende ser el punto de inflexión en el que los estados incentiven sus compromisos, en especial los que se refieren a los consumos energéticos derivados del carbón. La Unión Europea tiene programada una descabornización ambiciosa y aprobada recientemente por la nueva Comisión Europea que, sin embargo, ya ha sufrido las primeras reticencias de países como Polonia, Hungría y República Checa, altamente dependientes de esta energía.
El nuevo modelo al que aspira el planeta pasa por una transformación global que no está exenta de sacrificios por la pérdida de empleos, los cambios de hábitos y, en general, del modo de vivir. Las nuevas generaciones han abanderado, por medio de la contestación social, la necesidad de un cambio ante las evidencias de estudios científicos de que el planeta sufre el deshielo de los polos, la desaparición de glaciares, el aumento del nivel del mar y el incremento de fenómenos meteorológicos cada vez más frecuentes y adversos.
Estos días la COP25 de Madrid debe ser el principio del fin para abortar cualquier debate negacionista en el que están instalados la administración Trump y la de Bolsonaro, entre otros, para emprender, de forma urgente y ambiciosa, los compromisos de París y otros más inmediatos que den la suficiente garantía de poder revertir las consecuencias que ya padecen zonas del planeta. No hay tiempo que perder. Pues, como los propios movimientos, como Fridays for Future, impulsado por la joven Greta Thunberg, alertan, esta cuestión del cambio climático ya no se trata del futuro sino del presente.



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