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Ilia Galán

LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Sin fe ni criterio

16/01/2022

Se fue contento, sin vacuna. La última vez que lo vimos fue de camino al hospital. Después dijeron que había fallecido por coronavirus. Yo ya me he vacunado y revacunado contra el malvado bicho, aunque siempre he defendido la libertad y por eso defiendo que se vacune quien quiera. No entiendo derecho alguno a que nos metan ciertas sustancias en el propio cuerpo, como violadores sanitarios que, con agujas, a modo de finos y acerados falos, inoculan en nuestra intimidad corporal el asunto que luego ha de transmutarnos, o no. Distinto es cuando consentimos los padres con vacunas ya probadas durante décadas para proteger a nuestros hijos, sin capacidad de decisión, tomándola por ellos. Pero es importante confiar, hasta cierto punto, en la ciencia. Los científicos saben más que yo del asunto y en ellos me fío, aunque también se equivocan. Bien lo hemos visto numerosas veces en los últimos tiempos, sea en medicina o en otras materias.
Un muchacho predice una tempestad de nieve, Filomena, hace un año, amparado en métodos tradicionales, se convierte en noticia y predice otra nueva, aunque los meteorólogos dicen que es imposible saberlo, de modo científico, con tanta antelación. Alarmante es la tendencia actual a creer en cualquier cosa que no sea la versión oficial, tanto en medicina como en cualquier otra disciplina. Y esto es lo grave. Nuestro sistema político y social nos ha organizado un mundo en el que Internet y las ciencias, que antes parecían la voz divina (¡qué diría Auguste Comte hoy!) se transmutan en tecnologías en manos de unos pocos y estos, vemos, cada vez más, se venden a grandes empresas. 
La crisis financiera de principios de siglo demostró que el sistema político democrático es en buena parte falso y que vivimos también inmersos en una oligarquía mundial donde los ricos no son ya empresarios o señoritos sino Google, Amazon, farmacéuticas y otras grandes compañías. Ahí el poder es gris, pero inmenso; basta ver el sistema de anuncios o la evolución de nuestro mundo para comprender que lo primero no es siempre el bien común sino el beneficio de la multinacional compañía. Esto ha provocado gran desconfianza ante las normas, tantas veces contradictorias, incoherentes, estúpidas, que nos han impuesto recortando las libertades. La sospecha, la falta de fe en los sistemas que hasta hace poco pretendieron sustituir a las religiones como comprensiones del mundo viene ocasionada por nuestros políticos y su pérdida de autoridad, lejanos del pueblo que los eligió, mirando sobre todo por intereses personales. En el Reino Unido estalla ahora el escándalo del primer ministro, Boris Johnson, organizando durante la pandemia varias fiestas multitudinarias en su residencia oficial de Downing Street.
Pudimos ver lo que llamaban las cenizas de nuestro tío, enterrándolas, para arrojar una oración a los cielos, en los que creo.