LA MAREA

Antonio Pérez Henares

Escritor y periodista. Analista político


Elecciones criminales

02/02/2021

Las elecciones catalanas son un crimen contra la salud y la vida de todos los habitantes de Cataluña. Así de sencillo, de simple y de terrible. Y hay que llamarlo por su nombre y señalar a los responsables. Que lo son a sabiendas por ser de sobra conocidas las consecuencias de sus actos. Su celebración no solo supone riesgos sino certezas de que parafernalia previa y ejecución van a aumentar gravemente los contagios y las muertes.

La clara y definitiva prueba de cargo es que todo lo que ahí no solo se autoriza sino se alienta y anima a hacer, es lo que se prohíbe para toda otra actividad y para ello se han restringido derechos y libertades individuales de movilidad y reunión. Es una palpable y mortal evidencia que el contacto, las reuniones, aun mas las aglomeraciones, suponen ponerle un aspersor al virus letal para que infecte a mansalva. Y ahora los han puesto todos en marcha y convocan a las gentes a que se pongan a bailar bajo ellos y se empapen. Justo cuando su nivel de galope de la pandemia es frenético. El ejemplo del vecino Portugal redunda en ello. Sus datos, hasta sus recientes elecciones, eran de los menos malos. Tras ellas se han desbocado. Hoy las fronteras cerradas,

¿Como puede sostenerse que cuando no se permite ni viajar de un pueblo a otro, ni sentarse mas de cuatro en una terraza, cuando se cierra todo, cuando se restringe toda actividad que suponga contacto resulte que ahora a lo que se concita y para este caso en exclusiva es exactamente a lo contrario y se lanzan a jalearlo por todos los medios de comunicación, por todos sus altavoces y empeñan en ello toda su capacidad, poder y energías?

¿Es que, como decía aquella Carmen Calvo, infectada y en un brete de perderla luego, les va el 14-M la vida en ello a los catalanes como les iba a las mujeres ir a la manifestación del 8-M? ¿Que hay por encima de salvar, hay en este caso ponerlas en peligro cierto, doloso y temerario, esas vidas? ¿No podían posponerse, como ya se hizo, en Galicia y País Vasco? ¿Por qué el gobierno de la Nación, por qué el PSC, por un espurio cálculo electoral maniobró bajo cuerda y a través de correas de trasmisión emboscadas recurrió a la Justicia para impedirlo?

Y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que lo ha sancionado, los señores jueces que lo componen, ¿no se van a sentir concernidos en absoluto por las consecuencias, no se van a sentir responsables y llevar sobre sus conciencias lo que su decisión en vidas humanas, conlleva? ¿O es que no se han parado siquiera a pensar en ello? ¿No es eso, la vida, y no está eso por encima de cualquier consideración jurídica? ¿Es legítimo, es ético, dictar un auto a sabiendas, porque es de sobra archisabido, que esa decisión pone en peligro de muerte, sí de muerte y hay que decirlo, a toda un población de millones de personas?

¿No se enfatizaba acaso como gran consigna, y así se han desgañitado proclamándolo, que preservar la vida estaba por encima de todo? ¿Que era secundario el, por ello, arruinar la economía, destruir el empleo y cerrar empresas, negocios y lo que fuera? ¿Y ahora ya no? Resulta que la "política" o sea el poder, su maquinaria, sus intereses están por encima. Por encima de la vida de los ciudadanos.

Se pone en criminal riesgo a todos, pero a algunos se les obliga a asumirlo y exponerse al mayor de los peligros. Y no me refiero a candidatos ni parroquias enfebrecidas que lo hacen con delirante jolgorio?. Me refiero a todos esos miles de personas que, bajo amenaza de sanción, se verán obligados a formar las mesas electorales y estar expuestos al contagio no ya en el tiempo de acudir a la urna durante sino durante un día entero a todos los que acudan. ¿Es lícito obligarles a ello? ¿Se atreverá junta electoral alguna a sancionarlos si no se acata? ¿ Y podrá luego si esa persona enferma o hasta muere por ello exigirles a quienes le obligaron responsabilidades judiciales por ello?

El circo político, ahora todavía más esperpéntico, en esta ocasión asciende a la categoría de repulsivo y adquirirá, cuando se consume y se desparramen sus efectos, un tinte dramático e infame. Porque se ocultará, como se están ocultando desde el primer día toda la riada de infamias. De hecho ya se está haciendo. Mediaticamente solo parece importar, y en ello se enzarzan y desviven, el sucio, porque está vez no puede serlo más, juego político del poder y las ambiciones de quienes lo ejecutan y a los que la vida de los otros les importa directamente un carajo. ¿O cabe estupidez más insensata y criminal que pregonar que hay que "acudir a votar sin miedo"? Lo ha aseverado con su engolamiento habitual el presidente del Gobierno y le han hecho coro en esta ocasión los más diversos partidos. Ya estamos otra vez con la misma y maldita monserga del principio. Otra vez con el mantra de aquellos días primeros que condenaron a tantos y a tanto. ¡Pues claro que hay que tener miedo! Lo suicida y estúpido es no tenerlo. Lo necesario y prudente es temer lo que es temible e intentar protegerse.

No pensé que jamás diría esto en mi vida, pero desde luego y por mi parte a esas elecciones, a ese previsible matadero, que vayan ellos. Ni siquiera su padre ni su madre, que culpa de sus desatinos, que en este caso, insisto y no me desdigo, son criminales, los pobres no tienen ninguna y si mayor peligro.



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