TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


"A Junqueras le veremos pronto andando por la calle de su pueblo"

Claro que en los próximos días no se va a hablar de otra cosa que de la sentencia, del 'procés', del juez Marchena... Y de Oriol Junqueras, que previsiblemente quedará inhabilitado para encabezar la candidatura electoral de Esquerra ante la convocatoria a las urnas el próximo día 10. La campaña se catalaniza y de cómo sepa Pedro Sánchez resolver el previsible caos posterior a la publicación de la sentencia dependerá no solo su éxito o fracaso electoral, sino el futuro inmediato del país. 

Porque Sánchez tendrá que gestionar palo y zanahoria, firmeza y flexibilidad, gestos de autoridad con actitudes conciliadoras, diálogo sonriente y gesto serio. Y en todo ello previsiblemente encontrará el apoyo del principal partido de la oposición, el PP gestionado ahora de manera conciliadora --qué diferencia con tiempos no tan lejanos-- por Pablo Casado. Será el primer resultado de un pacto de hecho que posibilitará la gobernación de este país en funciones tras las elecciones de dentro de tres semanas. 
Coincidí en la recepción real del 12 de octubre con mucha gente interesante, dispuesta a decir, naturalmente lejos de micrófonos, cosas no menos interesantes. Era, ya sabe usted, el establishment con algunas ausencias notables. Lo más sorprendente --o no tanto-- que escuché a persona muy relevante, cuyo nombre, obviamente, no puedo revelar, fue: "Veremos a Junqueras pronto andando por las calles de su pueblo". Sí, se refería a Oriol Junqueras, el principal encausado por el procés, para quien se prevé una pena no muy inferior a 12 años en la sentencia que se le comunicará a él, y al país, en las próximas horas. 
Y no, no habrá indulto. Sería imposible ese consenso del PSOE con el PP si lo hubiera. Y tampoco van a pedirlo los nueve condenados a  bastante severas penas de prisión. Pero sí habrá, más bien pronto, terceros grados, posibilidad de que los condenados acudan a la cárcel solamente a dormir, relajación del rigor carcelario. Dependerá de una junta calificadora que, obviamente, se mostrará más bien partidaria. De ahí esa afirmación de mi interlocutor asegurando que Oriol Junqueras, el más emblemático de los presos --y, sospechan muchos, el interlocutor del Gobierno central para intentar pacificar Cataluña-- , podrá ser visto más pronto que tarde paseando por San Vicente dels Horts, la localidad de la que fue alcalde hasta 2015. Inhabilitado, no podrá ganar las elecciones en Cataluña, pero podrá, al menos, pasear. Y ejercer un gobierno moral de su partido, al que las encuestas dan como ganador en la Comunidad. 
Ignoro si ese paseo será el principio de una distensión, de esa anhelada conllevanza entre Cataluña y el resto de España. Eso tendrá, en todo caso, que pasar por el apartamiento de la política del principal pirómano de la concordia, que es el actual president de la Generalitat, o sea, Quim Torra, con quien ningún entendimiento parece posible. Y que el mentor de Torra, Carles Puigdemont, acabe de perder todo su predicamento en foros internacionales, ante los que sin duda será recurrida la sentencia dictada por el Tribunal Supremo. 
Claro que todo eso se producirá dentro de algunos meses, coincidiendo con la convocatoria de elecciones autonómicas (casi plebiscitarias van a ser, en realidad) en Cataluña. Ahora, en lo inmediato, lo importante es gestionar las reacciones callejeras por la sentencia. Ante la dimensión de este problema, me parece que todo lo demás que pueda ocurrir en esta semana crucial --la fotografía de la exhumación de la momia de Franco, el propio discurrir de la campaña electoral en torno a otros temas, lo que digan las encuestas-- ha perdido, desde ya, bastante relevancia. 
"Pues vótame y ya verás cómo se arreglan", respondió Pedro Sánchez a un periodista que, bromeando, o no tanto, le pidió que solucionase los problemas del país. Creo que el periodista se quedó pensando que, por el contrario, antes de que los españoles vayan a las urnas, Sánchez tendrá que mostrar cómo resuelve la cuestión más espinosa que la ciudadanía tiene planteada. Y, en función de cómo lo haga, tendrá más o menos votos. A partir de hoy mismo, Sánchez se la juega. Y nosotros todos, también.  


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