CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


En manos de Pablo Iglesias

26/03/2020

No se sabe qué ocurre con Carmen Calvo, pero lo que sí se sabe que si la vicepresidenta primera no puede incorporarse a su despacho de forma inminente, será el vicepresidente segundo el que ocupe sus funciones. Pablo Iglesias.

El gobierno se niega a dar información precisa sobre el resultado de los análisis que se han hecho a Calvo. Dijo primero que tenía una infección respiratoria, después que había dado positivo en el corona virus y finalmente que se trataba de un positivo “no concluyente”. Cuando se preguntó a la ministra portavoz, respondió que había que preservar la confidencialidad. Como si una vicepresidenta de gobierno, o un presidente, pudieran ocultar su estado de salud. Menos todavía cuando ante la epidemia como la que estamos viviendo, dar o no positivo significa la obligatoriedad de guardar cuarentena o mantenerse confinado en su domicilio. Como han hecho las ministras afectadas y no han hecho ni Sánchez ni Iglesias, que piden ejemplo y responsabilidad a los españoles pero han hecho lo que les ha dado la gana a pesar de que el positivo de sus mujeres les obligaba a guardar cuarentena.

Si Carmen Calvo no lo remedia, o más bien si el estado de salud de Carmen Calvo no lo remedia, tendremos a Iglesias presidiendo una comisión clave del gobierno, la que reúne todas las semanas a subsecretarios y secretarios de Estado que deciden qué cuestiones entran en la agenda del Consejo de Ministros. Y presidirá también la comisión de seguimiento del corona virus, formada por el presidente, la vicepresidenta primera , y los ministros de Economía, Defensa, Sanidad y Transportes, a pesar de que Iglesias se desgañitó exigiendo formar parte de ese grupo. Pues estará ahí si Carmen Calvo sigue de baja.

No es una noticia tranquilizadora. Desde que Pablo Iglesias tomó posesión como vicepresidente segundo ha dado razones sobradas para desconfiar de su capacidad de gestión y su sentido de la responsabilidad. Fue quien más alentó que se mantuvieran las manifestaciones del 8 de marzo, aunque no fuera más que desagraviar a Irene Montero, que había recibido una sonora pitada de sus compañeros de gobiernos y de los expertos judiciales por su infumable Ley de Libertad Sexual; de aquellos polvos surgieron inquietantes lodos, como que varios miembros del gobierno salieran afectados por el corona virus, incluidas las mujeres de Sánchez e Iglesias. Por no hablar de la arremetida de Iglesias contra la Corona por los dineros del Rey Juan Carlos y reivindicando una vez más la República, o de su desaforado afán de protagonismo con una comparecencia posterior a la del presidente en la que no dijo nada que no hubiera dicho Pedro Sánchez; o insistir un día y otro en medidas sociales que Calviño descarta de momento porque no salen las cuentas de ninguna manera. Pero Iglesias piensa en sus votantes, no en sus responsabilidades de gobierno.

Ya podemos ir cruzando los dedos para que mejore Carmen Calvo.



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