SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Harto ya de estar harto

El detonante de este titular, de corte tan pesimista, es la cumbre del clima que acabamos de vivir en la capital de España, pero muy bien podría haberlo sido cualquiera de la convocatorias tan solemnes y concurridas como inútiles que se prodigan en torno a la despoblación, los derechos de los niños, los de la mujer o de los aborígenes de cualquier país del mundo, por ejemplo. Se hacen con la intención de concienciar y parece que lo logran, pero yerran definitivamente con los destinatarios de los argumentos que los voluntariosos y sesudos ponentes  se curran a conciencia y se convierten en inapelables. Inapelables, claro para un elevado porcentaje de bípedos inteligentes y sensibles que, primero, se indignan con las situaciones que se definen y luego, como en el sacramento de la confesión, hacen propósito de enmienda en la parte que les toca.
A los que les tiene que empapar el mensaje les resbala sin embargo. Están ataviados con un impermeable de estupidez e intereses espurios que no lo atraviesan ni las balas. Escuchen, si pueden aún soportarlo, a personajes como Trump o Bolsonaro. El primero domina el país más poderoso del mundo, mientras que el segundo está al cargo del pulmón de la tierra; la Amazonía y parece que le importa un pimiento, si la talan la queman, o la pudren mientras el pueda atender a los poderes fácticos que le elevaron a la poltrona presidencial. Carpe diem. Y el que venga detrás que arree.
En este escenario, y en muchos otros, seguimos viendo como las administraciones se desviven en intentos por gestualizar y poner de manifiesto solidaridades  e indgnaciones, según el caso, con el mismo éxito que  con el cambio climático. Siento ser políticamente incorrecto pero hay algunos que no entiendo salvo que estén pensados a mayor gloria de los que los han parido, como las lucecitas de la diputación. Si encienden las moradas, interpretan la indignación general por la violencia de género. Ya imagino a los acosadores, violadores o babosos de diferente pelo, asustados ante el espectáculo y corriendo a buscar un cura, para confesarse entiéndase, en la cercana iglesia de San Juan de Rabanera. Gestos, gestos y más gestos que pasan por jornadas de concienciación a las que sólo van los que ya están concienciados, pero hay que hacerlas porque hay un presupuesto que llega de no sé donde ya hay que gastarlo.
Con la despoblación otro tanto de lo mismo. Estoy harto ya de estar harto, como decía la canción de Alberto Cortez, de que los esfuerzos se centren más en festejos, cada vez más lustrosos y concurridos y nadie sea capaz de poner una sola idea en marcha que cambio el rumbo del censo soriano



Las más vistas

Carta del Director

Colgarse la medalla

El político no solo ha de hacer sino, por lo visto, hacer ver que hace. No vendría mal algo más de unidad entre instituciones para que el oro se lo cuelge Soria