Será el de hoy un Día de Villalar raro. Y eso que, en sus 44 años de existencia, hemos visto de todo: prohibiciones, desprecios, rechazos, ninguneos, polémicas, broncas, utilización, manipulaciones interesadas y así sucesivamente. Pero la celebración comunera ha resistido. Y bien. Lo que dudan muchos es si resistirá este año quedar emparedada entre dos debates a cuatro en casi vísperas electorales. Un bocadillo de Día de Castilla y León entre dos bloques, izquierda-derecha, no uniformes pero sí cercanos. Cuando escribo estas líneas (mañana del lunes) desconozco cómo se va a desarrollar la discusión entre Sánchez, Casado, Iglesias y Ribera. Cuando las lean ustedes habrán ganado todos… aunque unos más que otros. Y habrán ardido, y así seguirán per saecula saeculorum, las redes sociales y cualquier bicho que se mueva por Internet y por el éter. Y el personal, claro, a la espera de la edición de esta noche que será para unos la posibilidad de revancha, para otros la confirmación de su triunfo y para todos la seguridad de que han convencido a los convencidos, o sea a los suyos. ¿Y el 40% de indecisos que, según el CIS, existe en el país? Pues, me temo que así continuará porque este tipo de debates no suele aclarar mucho. Así que preparémonos para un Villalar extraño en el que Castilla y León, conforme a su historia, volverá a sacrificarse por España. Es decir, hoy se hablará muy poco de los problemas y aspiraciones de esta tierra y mucho de las elecciones generales y de las guerras entre los candidatos. Además, barrunto que en el debate de anoche y en el de hoy, Castilla y León ha tenido y tendrá un protagonismo nulo. Ni siquiera por la despoblación, tan de moda ella. En cambio, ¿cuántas veces sonará la palabra Cataluña? Menos mal que vuelve el Mester a las eras de Villalar. Razón de más para acudir de nuevo al pueblo comunero a sentir la llamada de esta tierra y a entonar con la garganta y el corazón el Canto de Esperanza.



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