VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


El video robado

07/06/2020

Los políticos, incluso los de la generación posmoderna, conocen a la perfección los códigos y la mecánica de las entrevistas en la televisión. Cualquier atisbo de victimismo respecto al tratamiento que reciban o a circunstancias no deseadas por ellos en una entrevista son mera impostura y revelan bisoñez en su trato con los medios. Seguramente es esto último lo que le ha ocurrido hace pocos días a la ministra Irene Montero al comprobar cómo una conversación informal suya con la periodista que iba a entrevistarla se difundía a los cuatro vientos y perjudicaba notablemente su imagen, al quedar al descubierto lo que pensaba sobre el peligro del coronavirus durante la manifestación feminista. Pensaba lo que dicen sus palabras, repletas de frivolidad e intrascendencia: que mucha gente no acudió al 8-M por miedo a un contagio que el gobierno no veía probable, que ella ocultaría esa información durante la entrevista en abierto, que el resto de países europeos estaban adelantando a España en la adopción de medidas “superdrásticas”, y que le ponía de los nervios que alguien se acercara y tocara con las manos a su bebé.

Cuando un equipo de televisión sale al exterior de las instalaciones a grabar una entrevista, antes de comenzar la grabación se prueban la imagen y el sonido. La colocación del micrófono, la ubicación de periodista e invitado, o la preparación de los ángulos de cámara suelen realizarse amenizando el momento con comentarios sin sustancia que hacen más llevaderos los preparativos. Pero hay ocasiones en que quedan grabados, como ésta. Al volver a la sede del medio, el equipo vuelca el material en el sistema informático para su edición y utilización y queda disponible para todo el personal. Lo extraño no es que haya salido a la luz esa conversación preparatoria, sino que hayan pasado casi tres meses hasta que los ciudadanos han podido conocer su contenido.

Sería un video robado, como dicen algunos puristas de salón, si la víctima de la pillada no hubiera sabido que había una cámara realizando pruebas mientras desnudaba su verdadera opinión sobre el virus, opinión que no tenía nada que ver en aquél momento con su posición oficial a favor de una gran manifestación en Madrid. Tampoco es un off the record traicionado por la periodista, porque éste precisa de un acuerdo previo de confidencialidad entre el protagonista y el informador. Lo que le ha ocurrido a la ministra es algo que demuestra su inexperiencia y que le decimos a todos nuestros alumnos en los cursos de formación en comunicación: no hacer comentarios con un micrófono o cámara cerca, aunque el programa no haya comenzado. Nadie sabe quién y con qué intenciones utilizará luego cualquier comentario banal.



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