UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Estadísticas

De vez en cuando, ese organismo que va acumulando en silencio datos de todo tipo sobre lo que pasa a nuestro alrededor decide soltar una especie de estornudo estadístico para que sepamos lo que hay. Ya habrán imaginado que me refiero al conocido INE, Instituto Nacional de Estadística, quizá menos conocido que el CIS, Centro de Investigaciones Sociológicas, pero me temo que más fiable. Pues el caso es que hace unos días nos sorprendió, y nunca mejor dicho, con las cifras que indican la evolución de la natalidad, que son las que permiten disponer de una perspectiva real, de presente y de futuro, sobre la estructura de la pirámide de población en España.

Se intuía lo que estaba pasando desde hace ya algún tiempo: que la pirámide se encoge por abajo, porque no nacen muchos niños, y se ensancha por arriba, porque la esperanza de vida es cada vez mayor. Y ya se sabe que eso afecta a muchas cosas: al volumen de población activa, a la sostenibilidad del sistema de pensiones, al crecimiento del gasto socio sanitario, etc. Hubo en momento optimista cuando se percibió que, si se superaba la fase aguda de la crisis, mejoraría la tendencia demográfica con un repunte de la natalidad, que había decaído por la penuria económica y también por el retorno a sus países de población emigrante en edad fértil.

Vana ilusión. La estadística publicada no deja mucho margen: el número de nacimientos en 2018, poco más de 372.000, fue el más bajo de los últimos veinte años; la media de hijos por mujer, 1,26, era también la más baja en lo que va de siglo, menor que la de Suecia, que es de 1,8, por poner un caso. Y el hecho de que sólo tres Comunidades Autónomas (Madrid, Murcia y Baleares) contabilizaran más nacimientos que muertes, habiendo disminuido el número de nacimientos en todas las Comunidades, salvo en La Rioja, ilustra suficientemente sobre la complejidad del problema y su incidencia a medio y largo plazo. Luego hay otros datos llenos de significado, como, por ejemplo, que el 47 % de las criaturas nacidas en 2018 venían de una madre no casada (suman ahí madres solteras y mujeres con pareja de hecho, sin formalizar matrimonio). Pero este es un dato más cultural que estructural. El problema es el otro, tan relacionado con la despoblación, y tan merecedor como él de reflexión urgente y de medidas de estímulo.



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