TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Puede que Sánchez logre dormir; los demás, no sé

Claro que se puede analizar de muchas maneras, y desde muy distintas ópticas, el acuerdo entre el PSOE, o sea Pedro Sánchez, y Podemos, o sea, Pablo Iglesias, fundidos en un abrazo en el Congreso de los Diputados tras suscribir un pacto para un Gobierno de coalición sin admitir preguntas de los periodistas y basado en una declaración de intenciones algo genérica. El análisis puede consistir en si será bueno o malo para España, en si aguantará toda una Legislatura y hasta en si, contra lo que dijo, el presidente en funciones y candidato a lo mismo podrá conciliar el sueño tras haber declarado, pocas semanas hace, que a él le desvelaba la idea de tener miembros de Podemos en su Consejo de Ministros. 
Lo que admite poco análisis es la escasa coherencia del acuerdo alcanzado este martes, ni 48 horas después de las elecciones, una semana después de que Sánchez, en el debate a cinco preelectoral despachase con cajas destempladas los intentos de aproximación de Iglesias. Y lo que resulta evidente es que nunca una derrota electoral -siete escaños se dejó Unidas Podemos en la gatera- fue tan bien recompensada con alfombras ministeriales y hasta vicepresidenciales. 
¿Dormirá bien el presidente? Daría cualquier cosa por poder estar de observador en el primer Consejo de Ministros surgido de la coalición, si es que tal coalición consigue completarse con otros aliados que den la mayoría numérica necesaria, pero no la coherencia imprescindible para un Gobierno del Reino de España, nunca tan integrado internamente por republicanos activistas y confesos. 
Esto ha sido un triunfo de Iglesias, que, como dicen no pocos titulares de urgencia, ha ganado el pulso a Sánchez: hace cuatro meses, el segundo vetó la presencia del primero en su Gobierno, y el primero rechazaba, como insuficientes, los ministerios ofrendados para que Sánchez pudiese garantizarse la investidura. Ahora habrá, supongo, vicepresidencias y ministerios. Si Ciudadanos, el nuevo Ciudadanos, o Esquerra, la ofendida Esquerra, quieren prestar su abstención, claro. Que alguien la prestará, o la alquilará, descuiden. 
De la derecha lo menos que puede decirse es que ha tenido escasos reflejos para anticiparse a lo que ha ocurrido, ofreciendo algún tipo de acuerdo a Sánchez a cambio de su abstención en la investidura para evitar lo que está a punto de producirse: un Gobierno progresista que ahonda en la división, palpable en los resultados electorales por si hiciera falta, de las dos Españas. Dos extraños compañeros de cama, dos aliados a palos, dos personajes que no se entienden en ninguna circunstancia, han sellado un pacto porque no se les han dado alternativas. Y porque ha faltado imaginación, a todos, para buscar otras soluciones más integradoras. 
Sánchez quiso sorprendernos, y lo ha hecho. A Iglesias ya sabemos que le encantan las sorpresas, casi tanto como salir en la tele o las moquetas. Ignoro si el acuerdo entre ambos comporta poder compartir el Falcon, y no crea usted que frivolizo, el dominio de los medios públicos o los nombramientos en las más rentables empresas nacionales. 
Quienes soñábamos con la oportunidad de un acuerdo integrador, reformista, que superase esas inútiles barreras de derechas e izquierdas, tenemos motivos para sentirnos frustrados. Las redes, este martes, ardían. Muchas miradas creo que también. ¿Ha cerrado Sánchez, con este acuerdo inédito de coalición, la crisis política que ya llevaba cuatro años dominando el panorama? ¿O más bien ha ahondado en la brecha? Yo, perdóneme el lector, hoy no tengo el ánimo dispuesto a la esperanza. Y, hoy, me siento tentado de engrosar las filas de una oposición con la que pocas veces he comulgado, porque este Gobierno, con el que algunas veces -ni siempre- coincidí, me ha defraudado. Ellos dijeron, no hace ni un mes, muy otras cosas. ¿Qué nos queda cuando nos falla la palabra de las gentes que nos representan, a las que votamos y pagamos para que nos saquen las castañas del fugo sin mentirnos y escuchándonos? Nada, no nos queda nada; todo, ahora, es de ellos.



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