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Rafael Monje

DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


El perdón de Irene Villa

29/09/2021

El próximo día 17 de octubre se cumplirán 30 años justos desde que una niña y su madre sufrieron uno de los centenares de atentados cometidos por ETA, que siempre me pareció increíble que esas siglas significasen ‘País Vasco y libertad’.

El coche en el que viajaban, camino del colegio, llevaba una bomba colocada por la cobarde banda terrorista. La niña, Irene Villa, perdió sus dos piernas y varios dedos y su madre, una pierna y un brazo.

Los medios de comunicación mostraban en esos años la realidad de un modo descarnado y aquellas secuencias y fotografías se grabaron a fuego en las mentes de varias generaciones de españoles. El proceso acumulativo llevó a que, seis años después de ese atentado, el asesinato de Miguel Ángel Blanco marcara el punto de inflexión definitivo para determinar el progresivo final de la banda terrorista.

Desde que puedo recordar, he sentido una gran admiración por Irene Villa. Nunca la he tratado personalmente, pero estoy convencido de su sinceridad, cuando le brillan los ojos al afirmar que hace mucho que perdonó, junto con su madre, a los inefables asesinos que quisieron cambiar su vida.

Me pareció entender, como resumen, que Irene perdonó porque, en otro caso, habría corrido el riesgo de verse consumida por el odio, circunstancia que impide llevar una vida plena desde todos los puntos de vista.

Una mente malévola podría tergiversar la realidad y entender que perdonó por egoísmo, pero yo creo que perdonó porque es una buena persona y porque es una mujer extremadamente inteligente. Cada vez que la oigo hablar me pregunto qué haríamos en su lugar. Difícil, cuanto menos.

Ahora, que empezamos a poner nuestra historia en su sitio, tenemos la gran oportunidad de tener en cuenta nuestras realidades, aunque duelan. Puede que esa reorganización que plantea el Ministerio de Educación, con cinco modalidades de Bachillerato y más asignaturas optativas en la ESO, deje un hueco para asegurarnos de que nuestros adolescentes sepan lo que pasó y cómo interpretarlo.

No deberíamos consentir que muchos no sepan quién es Irene Villa y quién fue Miguel Ángel Blanco. Como poco.