Cariátide

Laura Álvaro

Profesora


Mirada crítica ante los medios

En tiempos de la Big Data, las fake news, la infoxicación y la posmodernidad, inevitablemente me chirría la idea de posicionarnos como víctimas ante las infames empresas de telecomunicaciones que, sirviéndose de nuestra ingenuidad, venden información privada sin ningún escrúpulo, con el único fin de seguir engordando sus enormes arcas. Discúlpenme la ironía, pero me cuesta entender el revuelo que ha generado la aplicación FaceApp (por si no la conocen, una herramienta que modifica fotos para que nos hagamos una idea de cómo sería nuestro aspecto al envejecer) y su apropiación de los datos personales de sus usuarios. Y es que, ¿no son los medios de comunicación –y las compañías tecnológicas- empresas cuyo último fin es ganar dinero? Creo que nadie puede poner en duda esto, pero tampoco es algo que estas entidades escondan o lleven en silencio. La realidad es la que es, y nosotros cuando entramos en el juego lo debemos hacer de acuerdo a las normas. 
Hace unas semanas asistía a una jornada en la que debatíamos sobre Educación Mediática y Competencia Digital. Uno de los ponentes narró un proyecto en el que alumnado del Máster en Comunicación con Fines Sociales ponía en entredicho la licitud de emplear ficción publicitaria en los anuncios destinados al público infantil. Y surgió el debate: para algunos de los asistentes, la finalidad del marketing es clara (lucrarse) y para ello podían emplear los recursos que consideraran necesarios. Lo cierto es que, aunque existen organismos que velan por una publicidad veraz y honesta, la verdad es que me confieso pesimista a la hora de que este sector reflexione en el uso de sus estrategias.
Otra cosa es el que asumamos por fin la necesidad de crear una ciudadanía crítica. Recordemos que son varios los agentes que participan en la socialización del individuo: desde la familia o la escuela hasta los medios de comunicación. Por ello, una vez más, la pedagogía se plantea como la gran herramienta, pero para cubrir este déficit primero debemos asumirlo. ¿Hasta qué punto en las decisiones políticas que atañen al entorno educativo se considera necesario desarrollar un proceso de alfabetización mediática? Cierto es que algunos partidos incluso lo han llegado a incluir en sus programas electorales. Pero del dicho al hecho todavía existe un trecho que, hoy por hoy, parece insalvable.
No obstante, a la fuerza ahorca: si realmente nos sentimos víctimas de las empresas del mercadeo no nos queda otra que tomar conciencia y empezar a consumir información de forma consciente. Contrastar diversos canales; acudir a fuentes fiables; observar los medios de una perspectiva crítica para identificar estereotipos frecuentes; o analizar los flujos informacionales con el fin de comprender más allá del mensaje inicial; son solo algunas de las estrategias que nos pueden llevar a ampliar nuestra competencia mediática. O algo tan obvio como leer la información que acompaña a una app antes de descargárnosla. Aunque es cierto que la que citábamos al comienzo de este texto peca de no ser clara, también debemos asumir que en la mayoría de casos no prestamos la atención necesaria a este tipo de instrucciones. 
La información es poder. Lo ha sido siempre y lo seguirá siendo. Y en nuestra mano está ser portadores del mismo o cederlo a las malvadas multinacionales.