SOPA DE GUINDILLAS

José Luis Bravo

Periodista


Suya sí, pero no del todo

24/07/2020

No seré yo quien cuestione el valor que tiene para Soria y sus gentes el Club Deportivo Numancia y entiendo el disgusto mayúsculo por el descenso a segunda B, o sea, técnicamente la tercera y de aficionados. Pero conviene poner las cosas en su lugar antes de representar tragedias desproporcionadas  y menos aún en un escenario como en el que nos movemos ahora. Ya saben a qué me refiero.
El fútbol nació como un juego, luego alcanzó la categoría de deporte y más tarde la de espectáculo. De varias décadas a esta parte es, además, un negocio, un gran negocio, que ciertamente tiene derivaciones a otras actividades empresariales y económicas innegables.
Dicho esto, conviene recordar que eso de subir y bajar de categoría es la ley y la salsa de esta competición y  para que unos ganen y alcancen la gloria tiene que haber derrotados. Nadie, ni el Real Madrid o el Barcelona están exentos de esta regla fundamental que es, por cierto, lo que hace grande a este deporte. Pero hay que analizar lo que pasó, para que no se repitan historias en las que el dinero se impone por encima de cualquier otro interés y termina afectando a una masa social importante de una ciudad y una provincia. Ya podíamos haber escarmentado en cabezas ajenas como el Racing de Santander  hace unos años o ahora el  Valencia, convertidos en activos financieros y así les fue o les está yendo.
El presidente Numantino Moisés Israel, propietario mayoritario del club, compareció ante los medios para dar su visión de lo acaecido y tuvo  el detalle de señalarse a sí mismo como primer responsable de la debacle, pero a renglón seguido, habló más como empresario y abogado que como la cabeza visible de una entidad que se apoya también en una masa social muy considerable que trasciende más allá del negocio. No va a vender el Numancia, porque vale mucho menos ahora que en enero pasado. Caer del fútbol profesional al aficionado supone un desplome en su cotización en este mercado. Contamos pues  con que seguirá al frente en Segunda B pero también con un recorte considerable en la estructura del club. Es una empresa, recuerden, una Sociedad Anónima Deportiva y el descenso de los ingresos se va a traducir también en gente camino de la oficina de empleo. No sólo deportistas.
Insisto, es una empresa y su propietario la va a gestionar como tal. Tiene todo el derecho y al menos está claro que no actúa como los propietarios del  Valencia que escupen a la afición recordándole que el club es suyo y hacen con él lo que les da la gana. Eso incluye mandarlo a la mierda.



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