LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Mayores con mayúsculas

15/06/2020

El desconocimiento ha rodeado desde el primer día los contagios por la COVID-19 que tiene a la población enfrentándose a una nueva realidad, como si fuera un salto al vacío, porque la normalidad es muy difícil de recuperar, salvo sorpresas. Esta guerra en forma de pandemia, que ha reducido la población mundial -de momento y oficialmente en 413.000 personas- , ya la predijo Bill Gates hace cinco años, advirtiendo de la necesidad de reforzar la investigación.
Si algo nos ha demostrado el coronavirus es su ensañamiento con el sistema inmunológico, que ha afectado principalmente a la población mayor, los más débiles -cerca de 20.000 ancianos fallecidos en residencias-, que sufrieron las consecuencias inmediatas de una guerra civil y ayudaron a construir un país moderno que, al final, les ha llevado a un exilio interior, en residencias, a las que acudieron bien por no molestar a los hijos o por libre elección. En todo caso es como se les ha pagado a estos mayores con mayúsculas que ni siquiera han podido despedirse de los suyos, confinados en habitaciones, como celdas carcelarias, donde se les servía la comida, para no ser contagiados, en caso de que no lo estuvieran.
Como al resto de las sociedades, la infección sorprendió a estos centros sin preparación, sin protocolos de actuación, con las plantillas ajustadas y con hospitales colapsados donde estaban complicadas las derivaciones de pacientes mayores, de la misma manera que muchos enfermos seguidos desde la atención primaria no pudieron ingresar en otros niveles de asistencia. El problema viene por simular un final de vida en un hotel paradisíaco, por supuesto no medicalizado, pese a que muchos de los residentes presenten patologías, cuando en realidad se ha convertido en una trampa. 
Es cierto que el estado de alarma prevé un mando único pero no exime la responsabilidad anterior de muchas regiones, con competencias en la materia, para prever situaciones de este tipo, exigir plantillas adecuadas y unas condiciones como se merecen aquellos que llevan luchando toda su vida y que apuran los años buscando el mayor confort, si fuera posible, en centros alguna de cuyas empresas llegan a cotizar en Bolsa. Como se nos ha acostumbrado, también se hace política con esta cuestión, salvo en comunidades donde los partidos mayoritarios están alcanzado acuerdos para plantear medidas y evitar este tipo de situaciones y trabajar por la reconstrucción, pero una cosa es lo que ocurra en las autonomías y otra en el centro del debate público. 
Una demostración de que ha primado la cuestión política por encima de la adopción de medidas urgentes, hasta el punto de que, por falta de apoyos, quedará libre la circulación entre comunidades, este 21 de junio, mientras algunas echan el freno en la desescalada por miedo a caer en el drama vivido, aunque sus gobiernos procedan del mismo partido que la oposición nacional. Un país de locos... menos quien besa una tableta o un móvil al despedirse de su nieto por videoconferencia, aunque esté rodeado de muerte, eso solo son capaces de hacerlo los grandes, generosos y ejemplares abuelos.



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