TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Pedro Sánchez, ante el discurso de su vida

Comprendo que hay más expectativas por conocer los nombres del nuevo Gobierno -hay quinielas de ministrables por todos los rincones- que por saber el contenido programático del discurso con el que, este lunes a mediodía, Pedro Sánchez abrirá la sesión de su probable investidura. Pero a mí al menos me interesa mucho el tono, el contenido y el marco de  lo que el presidente del Gobierno en funciones tenga a bien comunicar a las señorías que tienen que aprobar su investidura. Que son, recordémoslo porque a veces se olvidan, los representantes de la ciudadanía.

Todos los que dicen saber aseguran que Sánchez hará el discurso progresista acorde con su intención de formar la primera coalición de izquierda desde la República: feminismo, ecología, igualdad, respeto por las pensiones, Cataluña, la receta será una insinuación de cambio del Estatut, que abra la puerta a un referéndum constitucional para, según el artículo 152.2 de la Carta Magna, aprobar esta reforma. Que no sé si recibirá el beneplácito o no de los independentistas, pero que puede abrir la puerta a un cierto desbloqueo de la situación.

Ignoro si el presidente precisará más acerca de sus intenciones para gobernarnos durante los próximos cuatro años, con la muleta de Podemos y el beneplácito de la abstención -en este cuarto de hora- de Esquerra, Bildu y quizá Junts per Cat. Ni sé si será más concreto en lo referente a qué hacer con algunas instituciones bloqueadas, como el Consejo del Poder Judicial, RTVE o el CNI, por poner apenas tres ejemplos. Y no hablemos ya de las reformas legislativas urgentes, comenzando por la propia Constitución -antes las modificaciones constitucionales eran su caballo de batalla, aunque ahora apenas se habla del tema- o la normativa electoral, que debería constituir el primer pacto para un gran avance democrático. De lo que seguro que no va a hablar será, pienso, de la composición de su presuntamente inminente Ejecutivo. Ni de la desconfianza que sigue anidando en su pecho en relación al comportamiento que su socio Podemos pueda tener a lo largo de la Legislatura: ya se sabe que ni Exteriores, ni Justicia, ni Defensa, ni Interior, ni Hacienda, irán a parar a manos de los morados a los que Iglesias quiere colocar en el Consejo de Ministros.

Claro, en la hora en la que proliferan los contactos reservados entre los dos casi seguros aliados ante la investidura es pronto para saber hasta dónde llegarán los acuerdos. Tanto sobre el programa como sobre la actuación de cada uno con respecto al otro. Sánchez, me dicen, quiere garantías de que Pablo Iglesias, que ya ha quedado fuera del Gobierno, no influya con sus manejos en la gobernación del Estado; o sea, que no desestabilice su, de Sánchez, futuro y quizá muy próximo Gobierno.

Veremos por dónde salen los negociadores. De momento, lo que tenemos es poco: intuiremos algo más cuando, por la tarde, tras el discurso inicial, que siempre es más formal, se produzca el rifirrafe con una oposición, PP y Ciudadanos, que, al no abstenerse, ha empujado este Gobierno de progreso que se nos viene encima tras dos meses de tiras y aflojas que han hecho que una capa de vergüenza se extienda sobre el cuerpo político nacional.

Personalmente, como comentarista y como ciudadano, debo decir que poco me ha gustado la gestión de este futuro equipo, aunque me reconozco partidario de un Gobierno progresista encabezado por el ganador de las elecciones, es decir, el PSOE. Hubiese preferido un equipo en el que, entrando alguien de Podemos, también lo hubiesen hecho ministros procedentes de otros sectores, desde el de Errejón hasta Ciudadanos, e incluso cercanos al PP. Es decir, un Gobierno de concentración para abordar todos esos temas que requieren reformas inminentes y que necesita a todos a bordo de la nave. Pero, como se decía en la frase final de una célebre película de mi juventud, hay que conformarse con lo que hay, con la casa y el coche que te tocan y la novia o el novio que te cae en suerte. Y con el Gobierno que no sé si merecemos.