Editorial

La UE marca, para bien o para mal, la estrategia de vacunación

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La vacunación ha entrado en los últimos días en las estrategias y agendas políticas. Más allá de las competencias y a las carencias de dosis que padece la Unión Europea desde finales de 2020, se le añade ahora el ‘sálvese quien pueda’ de una estrategia errática en la compra y planificación por parte de los responsables europeos. En cambio, cada comunidad autónoma juega, desde hace meses, a ser la más aplicada de la clase o a ser señalada por el Gobierno por el porcentaje de inoculación de las dosis. A la vista de que otros países desarrollados, incluido el exsocio europeo Reino Unido, aumentan el ritmo de vacunación, varios líderes autonómicos se apartan de la línea oficial para intentar contactar con las propias farmacéuticas para testar una compra propia o redefinir el calendario.

Si además se le suman las dudas que pesan sobre una de las vacunas empleadas de forma masiva en la UE, como AstraZeneca, no hace sino incrementar el recelo de los futuros vacunados, por más que la Agencia Europea del Medicamento vuelva a reafirmarse en los beneficios de las inmunizaciones en detrimento de los perjuicios que causa el virus. La disciplina se resquebrajó en el momento en el que aparecieron los primeros casos de trombos y se suspendió la vacunación en toda España. Ahora otra comunidad, Castilla y León, vuelve a poner en cuarentena por un tiempo esta vacuna, independientemente del consenso aprobado por el Consejo Interterritorial, síntoma de la ausencia de un plan nacional global, no solo en esta materia, sino en toda la pandemia, a excepción del decreto del estado de alarma, sin alternativa a partir del 9 de mayo.

Resulta descorazonador ver las continuas polémicas en torno a las entregas, confianza y estrategias distintas de la vacunación para que los gobiernos aparezcan ante la opinión pública como los salvadores de una crisis que es común, global y con una gran interdependencia con el resto de las zonas del mundo. A este desconcierto se suman no solo ciertas regiones españolas. Ayer se conoció que aparte de los países europeos más alineados con Rusia, el estado alemán de Baviera, también se ha interesado por la vacuna Sputnik y firmará un preacuerdo para comprar 2,5 millones de dosis una vez que ésta reciba la autorización europea.

Bruselas ha fracasado en su apuesta unitaria de ofrecer masivamente el antídoto a sus socios; los gobiernos han jugado con expectativas erróneas e ilusorias, y las regiones, algunas de ellas con el único objetivo de cercenar el consenso común, juegan con una dicotomía obscena. Para bien o para mal, Europa marca ritmo en esta salida a la crisis económica y sanitaria, tanto en la aprobación de fondos comunes para la recuperación como en la entrega de vacunas. Y España debe ser una de las agradecidas tanto para recibir la lluvia de millones de euros como de dosis.



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