MUY PERSONAL

Francisco Muro de Íscar

Periodista


Pablo, Irene, ¿dónde está la diferencia?

Nada está cerrado ante la primera sesión de investidura, pero parece que la decisión de Pablo Iglesias de dar un paso atrás y renunciar a estar en el Gobierno de Pedro Sánchez ha desbloqueado la situación y las negociaciones avanzan de forma que el martes o el jueves puede haber nuevo presidente y, unos días después, un nuevo Gobierno con ministros de Podemos. Si no es así, la crisis institucional parece servida y tendremos nuevas elecciones en noviembre.

Hay dos versiones en torno a estas negociaciones entre Sánchez e Iglesias en las que parece que hasta hace unas horas nunca se ha hablado de programas sino de reparto de puestos y de una condición irrenunciable por parte del segundo: la vicepresidencia del Gobierno. Y ello tenía una respuesta contundente por parte del sanchismo: la desconfianza hacia Iglesias hace imposible esa concesión y lleva hacia un horizonte de nuevas elecciones.

Sánchez solo quería la abstención de Podemos e Iglesias solo aceptaba cargos determinados para él y para sus compañeros. Y, de pronto, bien porque Iglesias viera que no iba a lograr nada y que unas futuras elecciones podrían acabar de hundirle, con la posibilidad de que Errejón, y no él, fuera el compañero de viaje de Sánchez, bien porque Sánchez le convenció, se han abierto las negociaciones sobre programa y reparto de cargos, con pocas horas para alcanzar un acuerdo serio. Ahora es urgente lo que durante casi tres meses no corría prisa alguna. La otra opción es que todo haya sido un guion escrito por Iván Redondo, dirigido por Sánchez y con Pablo Iglesias como actor principal. Un guion que se ha venido desarrollando sin saltarse una línea y que, ahora, parece llegar al final deseado por su autor.

La transparencia que prometió Sánchez y que exigió Iglesias ha brillado por su ausencia. Ábalos dijo que no había ningún veto. Irene Montero señaló que el veto a Iglesias era un veto a todo Podemos. Y Sánchez, que ha criticado duramente el cordón sanitario de Ciudadanos al PSOE, le puso otro a Iglesias, al menos aparente, a Iglesias, mientras no hacía ni un solo esfuerzo para negociar con Ciudadanos, incluso con el PP, un pacto sobre temas de Estado mínimamente sólido. ¿Todo para acabar en esto? ¿Se está despidiendo Pablo Iglesias de la vida pública antes de que sus fracasos acaben con él y trata de dejar a su sucesora nada menos que en el Consejo de Ministros? ¿Es una jugada acordada para escenificar ante la opinión pública un acuerdo que ya está cerrado hace tiempo? ¿Vale más cualquier Ministerio, con la capacidad de gasto y de escribir en el BOE, que cuatro años más en la oposición? ¿Cómo hemos pasado del Gobierno de cooperación al de coalición sin cambiar los principios? ¿Y qué diferencia existe entre tener sentado en la mesa del Consejo de Ministros a Pablo Iglesias o a Irene Montero, su número 2? ¿Qué garantía tiene el socialismo de que los miembros de Podemos en el Ejecutivo sean leales y respeten lo que han venido repudiando y defiendan ahora lo que han venido considerando como inaceptable? Meter en el Gobierno a Podemos es dar al populismo de extrema izquierda las llaves del Estado y del dinero público para viejas políticas que solo conducen hacia el pasado y hacia el sectarismo. Meter a la extrema izquierda en el poder puede ser la condena del socialismo. Aunque permita a Sánchez seguir mandando. Al menos, sobre el papel.


Las más vistas

Opinión

Negro, varón y joven

Aunque los inmigrantes hace más de veinte años que conviven con la población soriana, el racismo y la desconfianza hacia los que no son autóctonos están a la orden del día

Opinión

Cuando de hacer comunidad se trata

Soria ¡YA! hace más por la unidad de la región que veinte campas de Villalar. Una virtud de la plataforma soriana es su capacidad para tejer alianzas con diferentes territorios