Editorial

May afronta su «última oportunidad» para sacar al Reino Unido de la UE

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Reino Unido vive desde hace tiempo instalado en el limbo institucional. Una situación que no tiene visos de mejorar a corto plazo. De hecho, sus ciudadanos votarán obligados en los comicios europeos ante la incapacidad de sus dirigentes de refrendar sus demandas y abandonar la Unión Europea, intención que se oficializó en el referéndum celebrado en junio de 2016. El paso del tiempo ha demostrado la incapacidad de los líderes británicos de llevar a buen puerto los deseos de una mayoría, no excesivamente abrumadora, de la población. Al mismo tiempo las diferencias irreconciliables entre las corrientes existentes en el Palacio de Westminster y las líneas rojas fijadas por unos y otros a la hora de cerrar un acuerdo con Bruselas han imposibilitado una ruptura con el viejo continente, ni abrupta ni consensuada. Los plazos se han dilatado hasta límites insostenibles al tiempo que ha crecido la percepción cada vez más visible de que ningún país pueda emprender su camino al margen de la Unión Europea. El peaje a pagar, cuando menos, es elevado. La única certeza es que, por undécima ocasión, Theresa May se encuentra contra las cuerdas. Es probable que esté viviendo sus últimas horas como premier aunque a la inquilina del número 10 de Downing Street le avala su capacidad de resistencia y oportunismo para aferrarse al cargo.
Acorralada políticamente tras recibir tres negativas del Parlamento británico a sus propuestas de acuerdo con Bruselas, May ha puesto sobre la mesa lo que ha denominado su «última oportunidad», consistente en la posibilidad de que los diputados puedan pronunciarse sobre una unión aduanera temporal con la UE, uno de los puntos más controvertidos, y la celebración de un segundo referéndum, una vez aprobada la Ley del Acuerdo de Retirada negociada con las instituciones europeas. Es decir, una segunda consulta tras ver respaldado su plan para el Brexit para sacar a su país de la UE. La ecuación planteada por la dirigente se antoja complicada dado que los laboristas, de Jeremy Corbyn, ya han anunciado su voto en contra de la jefa del Gobierno británico a pesar de las concesiones de esta en una iniciativa a la desesperada. 
Encallada la situación en un cruce de caminos cada vez más enrevesado y que crece en complejidad, la inminente salida de Theresa May parece ser la única certeza a corto plazo. Tampoco sería extraño a estas alturas la celebración de un nuevo referéndum que ahonde en la relación de Reino Unido con una Unión Europea, fiel las condiciones pactadas en un primer momento. La prensa inglesa en su totalidad, la sensacionalista y la moderada, ya clama contra May, a quien también invitan desde su propio partido a hacerse a un lado. La propuesta de la premier no hace sino añadir nuevas dosis de incertidumbre a un proceso que ha dejado en evidencia, y sumido en el ridículo, a uno de los pilares económicos de Europa que, con sus vaivenes, amenaza con incrementar la inestabilidad en un continente que busca este domingo la tranquilidad que otorgan las urnas.


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