CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Los experimentos con gaseosa

14/07/2020

Se lo dijo Eugenio D´Ors a un camarero torpe que derramó una botella de champán al querer descorcharla con un método ingenioso: los experimentos, con gaseosa. Frase que viene al caso para la actual clase política española, visto lo visto el pasado domingo en País Vasco y Galicia, donde, como se adivinaba desde tiempo atrás, se fortalecieron los dirigentes que tienen un importante curriculum político, que saben de qué va la cosa, que han gestionado con eficacia sus respectivos territorios y que han formado equipos con personas que saben lo que se traen entre manos, no con amigos o familiares que no tienen más mérito que pertenecer al círculo de quien les ofrece el cargo.

Las famosas refundaciones han sido un desastre para los partidos y para los españoles que sufren las consecuencias de ese desastre. La excepción sería Ana Pontón, pero no lo es tanto si se conoce mínimamente su biografía: forma parte del BNG desde los 16 años y se ha curtido desde que era dirigente de las juventudes del Bloque. Pero, aparte de Pontón, la famosa refundación del PSOE ha provocado la desaparición del PSOE que tanto ha contribuido a la historia de la España reciente, así como la desaparición de sus dirigentes más capaces, sustituidos por aprendices de nada para los cargos intermedios y un aprendiz de brujo como líder, que se mueve como nadie en las aguas del engaño sistemático. Se podría aplicar lo mismo al PP, excepto que Casado no miente ni engaña; simplemente ha demostrado una absoluta falta de visión política, con el agravante de que no hay nadie en su entorno que pueda indicarle que es necesario cambiar el rumbo. No por temor a corregir al líder, sino por la falta de experiencia de la mayoría de quienes le rodean.

El fiasco más fiasco es el sufrido por Podemos, el partido creado por un grupo de profesores de Políticas de la Complutense que creían que iban a demostrar cómo se hace política. No tenían ni idea. Además su máximo dirigente demostró pronto que le movía el interés personal más que el interés por los españoles. Lo suyo fue desde el principio palabrería, imposición de su criterio, eliminación de los críticos y machismo, con modos que indignarían a cualquier feminista si no fuera porque el feminismo se ha convertido en patrimonio de una izquierda que defiende los derechos de las mujeres según y cómo. Y a Pablo Iglesias nadie le ha tosido aunque su sistema de promocionar o repudiar a las mujeres en función de las relaciones con ellas es intolerable.

Por desgracia, esto es lo que hay en la política actual. Se sabía desde hacía mucho tiempo, pero las elecciones vascas y gallegas han dejado más claro que el agua que los votantes confían en los que merecen confianza, no en los que se creen reyes del mambo y no tienen media bofetada.



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