PREDICANDO EN EL DESIERTO

Fernando González Ferreras

Catedrático


Guía para perder elecciones

Las noches electorales españolas tienen su puntito de morbo: es curioso escuchar a todos los partidos proclamarse ganadores, aunque tengan que recurrir a datos intrascendentes para justificar haber quedado muy lejos de sus expectativas de ser gobierno o bisagra. Todos los partidos convocan reuniones postelectorales para evaluar los resultados, reuniones que suelen servir únicamente para apoyar al líder y no para estudiar, a fin de corregir, los errores cometidos, que suelen de tres tipos: errores organizativos, errores estratégicos y errores operativos.
Los errores organizativos tienen que ver con el liderazgo y el trato con las personas. Los líderes arrogantes sin visión de futuro y sin capacidad de resolver conflictos externos –nos cansaremos de oír hablar de Cataluña- e internos –la fuga de afiliados- conducen a cualquier partido al fracaso. Cuando el líder premia poco el talento de las personas y valora más al amiguismo y la dependencia, rodeándose de personas mediocres que siempre le dan la razón para mantener su puesto de privilegio, el desastre está servido. En vez de promover el diálogo y la confrontación de ideas para encontrar las mejores decisiones, se valora la unanimidad – y ya se sabe que donde todos piensan igual es que nadie piensa mucho o bien hay una persona que piensa por todos-. Se acaba considerando insolencia la falta de sumisión.
Los errores estratégicos comienzan cuando no consigues diferenciarte de otras opciones políticas -los electores suelen preferir el original a la copia- y se producen por la incapacidad de reaccionar, a tiempo y de forma correcta, a los cambios del entorno: se reacciona más a las presiones que a las situaciones. Si, además, el líder actúa de forma incoherente -lo que hace es contradictorio con lo que predica-, no cambia su actuación aunque le vaya rematadamente mal –todos cometemos errores, pero sólo los tontos perseveran en él; es mejor admitir el error rápida y rotundamente: reconocer un error es decir que hoy se es más sabio de lo que se fue ayer. En resumen, la obstinación en el error es otro de los nombres de la estupidez y apoyar cualquier idea porque piensa que es una idea muy popular y proporcionará muchos votos –veremos este fin de semana una esperpéntica carrera por quedar como más feminista que los demás-, el partido político va camino del desastre electoral.
Los errores operativos se producen por la falta de planificación  en las relaciones con los medios de difusión, afiliados y electores; Peter Drucker, gurú de la organización, escribió que «la mejor estructura no garantizará los resultados ni el rendimiento, pero la estructura equivocada es una garantía de fracaso». Una campaña electoral eficaz comienza el día siguiente de las elecciones: ahí debe determinarse la estructura básica: establecer un plan de control de los recursos y de los canales de comunicación con medios de difusión, afiliados y electores. Es mala política andar buscándose enemigos a los que culpar de los errores propios en vez de estudiar acciones para el futuro y no esperar simplemente una mejora para volver a los comportamientos anteriores que produjeron el desastre que se quiere evitar.
 Hay personas que afirman que de los errores se aprende y puede ser verdad, aunque hay quien no aprende ni así. Esperemos que nuestros líderes no se tomen esta afirmación a rajatabla y decidan cometer unos cuantos errores más para seguir aprendiendo.